Máxima de Holanda Es ampliamente considerado como el vestidor real más colorido de Europa. Su amor por los tonos vibrantes suele extenderse también a sus elecciones de belleza, con manicuras rojas o burdeos y maquillaje cuidadosamente aplicado en los ojos, las mejillas y los labios en casi todas las apariciones públicas.
O al menos, así era hasta ahora. Porque 2026 ha comenzado oficialmente de manera muy diferente para la reina, con tres compromisos oficiales en los que ha ido casi por completo sin maquillaje.
Como manda la tradición, el lunes 12 de enero, los Reyes de los Países Bajos ofrecieron la recepción de Año Nuevo en el Palacio Real de Ámsterdam. El evento marca el inicio oficial de su programación anual y Máxima suele hacer una fuerte declaración de estilo.
Este año, sin embargo, adoptó dos de las tendencias más discretas del invierno: el minimalismo y el burdeos. Optó por un abrigo de largo medio de lana, un jersey y un pantalón sastre del mismo tono, creando un total look sencillo, práctico y favorecedor.
Ese enfoque minimalista se extendió también a su look de belleza. La reina se saltó elementos básicos de su rutina habitual como rímel, bronceador e incluso color de labios. En cambio, dejó que su brillo natural ocupara un lugar central, mostrando una piel luminosa lograda a través de una rutina de cuidado de la piel específica, un efecto que se puede mejorar sutilmente con una crema BB o CC con acabado satinado.
Su peinado siguió la misma filosofía de sencillez, pelo liso y suelto, incluso durante la recepción formal que cerró sus compromisos de ese día.
Para esa segunda aparición, Máxima recuperó una falda celeste de Natan, vista anteriormente en su guardarropa, combinada con una blusa a juego de la misma casa, joyas de piedras lunares y diamantes, y tacones de aguja de Gianvito Rossi en la misma paleta suave.
Aunque añadió un toque de maquillaje para la noche, definiendo ligeramente los ojos, la belleza natural aún prevaleció. El tercer look sin maquillaje llegó menos de 24 horas después, como parte de la continuación de las recepciones de Año Nuevo, con la llegada del cuerpo diplomático al Palacio Real de Ámsterdam.
En esta ocasión, la reina apostó por un conjunto más vibrante, combinando un abrigo de tweed azul Klein con un vestido verde esmeralda. A pesar de la creciente riqueza de color y sofisticación de su guardarropa, Máxima se mantuvo fiel a un look de belleza sobrio.
Por segundo día consecutivo, apareció prácticamente sin maquillaje, revelando una piel sana sin base ni polvos. Ni sus mejillas ni sus labios mostraban un color notable. Sólo sus cejas parecían un poco más definidas de lo habitual, subrayando sutilmente su poder transformador.
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