Oprah Winfrey Lleva décadas siendo una de las mujeres más visibles de la Tierra. Se ha enfrentado a presidentes, multimillonarios y críticos de televisión en horario de máxima audiencia sin sudar nada. Sin embargo, cuando se sentó para una entrevista de PEOPLE hace dos años para admitir que estaba usando un medicamento GLP-1 para bajar de peso, estaba, en sus propias palabras, “temblando”.
“Sabía que admitir que estaba tomando medicamentos iba a ser un gran problema”, dice Winfrey en el nuevo artículo de portada de la revista. “Sabía que iba a recibir muchas críticas. Y así fue”.
Ese momento fue más que una simple revelación de una celebridad. Fue Oprah la que entró en uno de los debates más cargados de emociones de nuestro tiempo, protagonizado por la obesidad, la fuerza de voluntad y el papel de la medicina moderna. Para alguien cuyo peso ha sido examinado y politizado durante décadas, decir que necesitaba ayuda farmacéutica era como saltar a una tormenta sin paraguas.
Pero lo que hace que la historia de Oprah sea tan poderosa es lo que sucedió después.
Winfrey no se tomó a la ligera los medicamentos GLP-1. En julio de 2023, mientras grababa un programa sobre la obesidad con un panel de expertos, tuvo lo que ahora llama un “momento ajá”. Esto cambió todo lo que creía saber sobre su propio cuerpo. “Llegué a comprender que comer en exceso no causa obesidad. La obesidad causa comer en exceso. Y eso es lo más alucinante y liberador que he experimentado como adulta”, dice.
Esta idea toca el corazón de la vergüenza que soporta tanta gente. Durante años, el guión cultural ha sido comer menos, moverse más y esforzarse más. Si fracasas es porque eras débil. La ciencia, sin embargo, cuenta una historia mucho más extraña y amable. Los cuerpos tienen puntos de ajuste de peso incorporados, impulsados por la genética y el medio ambiente. Cuando el peso cae por debajo de ese rango, las hormonas del hambre rugen como un sistema de alarma.
Winfrey decidió probar las inyecciones de GLP-1, una clase de medicamentos que ayudan a regular el apetito y el azúcar en la sangre, porque por primera vez entendió que su lucha no era una falla moral. Era biología.
Luego vino el giro de la trama. Menos de seis meses después de comenzar a tomar la medicación, Winfrey la dejó cuando cumplió 70 años, en enero de 2024. “Traté de superar la medicación”, admite.
Incluso después de esa poderosa revelación sobre la obesidad, una voz familiar todavía le susurraba al oído. Quería demostrar que podía mantener el peso por sí sola. Quería ver si la ciencia era realmente correcta. “Dije: ‘Voy a ver si la ciencia es correcta. Quiero ver si puedo prescindir de ella'”.
Ella mantuvo su compromiso con la alimentación saludable y el ejercicio. Ella no se descarriló. Simplemente se quitó la medicación y esperó. Al principio no pasó nada dramático. Pero durante los siguientes 12 meses, la escala subió silenciosamente. Al final del año, había ganado 20 libras.
La lección fue dura y clara. “Va a ser algo que durará toda la vida”, dice ahora Winfrey. “Estoy tomando medicamentos para la presión arterial alta, y si los dejo, mi presión arterial aumentará. Me doy cuenta de que lo mismo ocurre ahora con estos medicamentos. Me he demostrado a mí mismo que los necesito”.
El nuevo libro de Winfrey, “Suficiente: su salud, su peso y cómo es ser libre”, coescrito con el Dr. Ania M. Jastreboff del Centro de Investigación de la Obesidad de Yale, explica lo que estaba sucediendo dentro de su cuerpo. El Dr. Jastreboff describe algo llamado “Punto suficiente”, un rango de peso establecido que su cuerpo intenta defender. Está determinado por la genética y el entorno en el que creciste. Para Oprah, ese punto ronda las 211 libras.
“No estaba sano en 211”, dice Winfrey. Con ese peso, era prediabética y tenía el colesterol alto. Sin la medicación GLP-1, su cuerpo seguía empujándola hacia ese número, sin importar cuán disciplinada fuera. Con la medicación, su apetito y su metabolismo finalmente dejaron de luchar contra ella en cada paso del camino.
Esa claridad lo cambió todo.
El medicamento ha cambiado tanto la vida que Winfrey ahora paga de su bolsillo para ayudar a varios conocidos a costearlo. También se niega a compartir qué marca usa y prefiere centrarse en la ciencia, no en el logotipo.
Pero más importante que las inyecciones es el mensaje que envía. “Si tienes obesidad en tu acervo genético, quiero que la gente sepa que no es culpa tuya”, dice. “Y la gente debe dejar de culpar a los demás. No digas: ‘¿Por qué no haces más ejercicio y comes menos?’ Esa no es la respuesta”.
Para Oprah, la mayor transformación no fue sólo física. Fue emotivo. “No más vergüenza”, dice. “Que la gente diga lo que quiera”.
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