Princesa Amalia de Holanda acaba de cumplir 22 años y su agenda ya está repleta de compromisos de la más alta importancia institucional. La hija mayor de los soberanos holandeses, el rey Willem-Alexander y la reina Máxima, ha logrado avances a un ritmo inusual, y 2025 representa su año decisivo. A pesar de las expectativas de que su padre disfrutará de un largo reinado, la princesa de Orange y heredera del trono holandés ha acelerado sus deberes oficiales en los últimos meses, mientras continúa su educación.
La princesa Amalia inició sus estudios en la Academia de Defensa de los Países Bajos En septiembre, se formó como reservista militar y se inscribió en un programa de dos años. Su educación militar se combina con una licenciatura en Derecho holandés en la Universidad de Ámsterdam, especialización que inició tras licenciarse en Política, Psicología, Derecho y Economía. Parte de esos estudios los realizó en Madrid debido a una grave amenaza que recibió de una organización criminal que presionaba al Estado.
Su 2025 comenzó con su primer debut en solitario, donde bautizó un barco de combate junto al Ministerio de Defensa. También sorprendió a muchos al acompañar a sus padres a la conmemoración del 80 aniversario de la liberación de Auschwitz, evento al que asistieron las principales casas reales de Europa; ella era la única heredera presente. Parece que, en ese momento, antes de que terminara sus estudios, la Real Institución de los Países Bajos comenzó a recalibrar su papel. Este cambio se esperaba tras la decisión de comenzar a recibir la asignación anual de alrededor de 1,7 millones de dólares a la que tiene derecho como heredera al trono.
La Princesa de Orange, cuyo perfil se asemeja mucho al de su abuela de la misma edad, caracterizada por su carácter disciplinado y una restricción de su libertad personal, aceleró plenamente su integración en la vida pública. En los últimos meses, la Princesa Amalia ha asistido a más compromisos de mayor calado institucional e internacional. Ha participado en tareas tradicionalmente reservadas al jefe de Estado, como la bienvenida a líderes extranjeros durante la cumbre de la OTAN.
También viajó con su madre a Washington y Nueva York para la cumbre de las Naciones Unidas, asistió a la abdicación en Luxemburgo, participó en todas las cenas de Estado celebradas en el Palacio Real y estuvo presente en acontecimientos nacionales de gran relevancia, como el 750 aniversario de la ciudad de Ámsterdam.
A diferencia de sus padres, que ya tienen compromisos programados para enero, la agenda oficial de la princesa Amalia quedó clara durante las Navidades. Sin embargo, tiene sentido que ella se involucre más en su papel el próximo año. La estrategia de la institución ha resultado en una doble ventaja: la Princesa ha desarrollado una fuerte presencia pública que la presenta como accesible y accesible, al mismo tiempo que garantiza que su vida privada esté protegida, sin que la gente conozca ningún detalle de sus intereses y aficiones. Más allá de su pasión por Madrid, donde vivió un tiempo apoyada por el rey Felipe VI y la reina Letizia, su interés por la historia de los joyeros reales de Europa y su afición a la equitación, de la princesa se sabe muy poco.
Entre el deber público, la educación y una esfera personal en gran medida desconocida, la Princesa de Orange está trazando constantemente el camino que algún día la llevará a convertirse en Reina.
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