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Canelo vs. Crawford: crónica de una noche de gloria y desengaño

September 18, 2025 - Deportes
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Canelo vs. Crawford: crónica de una noche de gloria y desengaño


El rostro, el nombre, el logo y la marca de Canelo están por todas partes. En el aeropuerto, en las camisetas de quienes han viajado horas para llegar, y en las pantallas gigantes que iluminan la ciudad en el desierto de Mojave. La historia del boxeo profesional es la historia de la búsqueda de salvadores. Y no es la primera vez que el deporte parece dudar entre coronar campeones o ofrecer espectáculos.

A veces, las peleas más importantes son una mezcla de ambas y parecen una festividad. James J. Corbett, el campeón de ascendencia irlandesa, peleó contra Bob Fitzsimmons el Día de San Patricio de 1897. Jim Jeffries, a quien se le hizo pasar como la “Gran Esperanza Blanca”, perdió contra Jack Johnson el 4 de julio de 1910. Y algunas de las peleas más esperadas de este siglo, incluyendo las de Canelo, ocurrieron durante las festividades del Cinco de Mayo y el Día de la Independencia de México.

“¡Me-xi-co! ¡Me-xi-co!”, coreaba la multitud.

Canelo camina entre los flashes de las cámaras mientras manos se extienden para tocarlo. Dentro del Fontainebleau, se siente un mundo diferente al del viejo edificio a solo dos kilómetros de distancia. Aquí es donde vienen los turistas y allá es donde viven los lugareños, quienes dicen que las calles se sienten muertas. El turismo ha disminuido y eso ha afectado la economía local. La ciudad de las luces cegadoras tiene una de las tasas de desempleo más altas del país. Algunos economistas advierten que lo que está sucediendo en Las Vegas podría ser una señal temprana de un próximo declive en todo el país.

Dentro del Fontainebleau, que siempre huele a perfume y tiene una gran lámpara de araña con miles de pajaritas de cristal, esa preocupación parece exagerada. Pero al estar afuera del viejo edificio, que se ha convertido en otro de los esqueletos del boxeo profesional, se siente bien, como si algo se hubiera roto. Como si Canelo contra Crawford pudiera ser la última gran pelea al final del siglo estadounidense.

“PARECE QUE HAS VISTO más peleas importantes que nadie”, le digo a Jerry Izenberg mientras me muestra su oficina en casa. Sus paredes están cubiertas de fotografías enmarcadas, recuerdos y premios de tres cuartos de siglo de trabajo.

“Me perdí a Caín y Abel”, dice con su humor habitual y su marcado acento de Nueva Jersey, que no ha desaparecido en los 18 años que lleva viviendo a las afueras de Las Vegas. “Mi camello murió camino a la arena”, añade.

A sus 95 años, suele bromear sobre su edad. El término parece de otro tiempo y lugar, pero durante 74 de esos años, ha sido lo que él llama un periodista, la mayoría de ellos para The Newark Star-Ledger (ahora conocido como NJ.com) en Nueva Jersey. Y mientras se apoya en su andador, caminando con cuidado por su oficina, habla del deporte que ha visto y cubierto durante la mayor parte de su vida.

La pelea que lo convirtió en fanático fue la revancha de 1938 entre Joe Louis y Max Schmeling. También se la llamó la Pelea del Siglo, y Jerry, de 7 años, la escuchó por la radio.

“Fue más que una pelea, fue un acontecimiento histórico”, explica Izenberg. Louis, quien se había convertido en el mejor boxeador de su época, contra Schmeling, el campeón mundial alemán utilizado por la propaganda nazi como prueba de la supremacía aria. Fue la primera vez que muchos estadounidenses blancos vitorearon abiertamente a un hombre negro. En cuanto Louis venció a Schmeling, las radios de toda Alemania quedaron en silencio. Unos 14 meses después, comenzó la Segunda Guerra Mundial. “Como perdió la pelea, Hitler lo envió a Creta como paracaidista”, dice Izenberg sobre Schmeling.

Desde entonces, Izenberg ha visto y cubierto todas las grandes peleas: Muhammad Ali contra Joe Frazier, Roberto Durán contra “Sugar” Ray Leonard, Marvin Hagler contra Tommy Hearns, Mike Tyson contra Evander Holyfield, Floyd Mayweather Jr. contra Oscar De La Hoya.

La última de las llamadas Peleas del Siglo que Izenberg cubrió en persona fue la de Manny Pacquiao contra Floyd Mayweather Jr. Con 4.6 millones de compras, fue el PPV más vendido en la historia del boxeo. La pelea transcurrió sin incidentes, en parte debido a la lesión de hombro de Pacquiao. Al finalizar, se presentaron varias demandas colectivas por fraude, alegando que los organizadores sabían que Pacquiao estaba lesionado. Pero con tanto dinero en juego, la pelea se llevó a cabo. Ese mes, mayo de 2015, los casinos de Nevada ganaron más de mil millones de dólares en apuestas.

Izenberg cuenta historias de boxeadores veteranos y destrozados que se convirtieron en sus amigos cuando el deporte más cruel los descartó. Cómo Louis tuvo que unirse al circo para ganar dinero – en un momento dado incluso peleó contra un canguro – y aun así murió en la ruina, con Schmeling pagando su funeral. Se refiere a Muhammad Ali como uno de los mejores amigos que ha tenido y dice que le dolió verlo marchitarse por el párkinson. Me cuenta que Sonny Liston murió misteriosamente, un hombre solitario y olvidado viviendo en Las Vegas. Cómo, cuando le era más fácil desplazarse, Izenberg visitaba la tumba de Liston en un cementerio ruidoso junto al aeropuerto de Las Vegas.

“¿Alguna vez extrañas las peleas?”, le pregunto.

“Extraño estar en cualquier lugar”, responde Izenberg.

Una versión más joven de sí mismo habría estado en el pesaje de Canelo-Crawford, hablando con los boxeadores y su gente, y luego cenando antes de la gran pelea. Pero en lugar de estar allí, cenará en casa con su esposa y verá la pelea desde el sofá.

Después de la pelea, Izenberg escribirá su columna como lo ha hecho durante décadas. Aunque se jubiló hace unos 18 años, sigue trabajando. “Soy columnista emérito. Escribo cuando quiero”, dice. Además de esas columnas, ha escrito 15 libros y tiene un 16to en camino.

Mi último libro será la muerte del deporte estadounidense. Es avaricia”, explica. “Avaricia, estupidez, fraude y televisión convirtiendo a la gente en lo que quiere. Es simplemente…”

Se detiene a media frase como si recordara cómo eran las cosas antes. Cómo periodistas como él alguna vez tenían todo el acceso que querían porque era una de las pocas maneras en que los boxeadores podían venderse a sí mismos y a sus peleas. Cómo la más importante de esas peleas atrajo la atención de todo el país. De pie entre todos esos recuerdos en las paredes de su oficina, quizás incluso esté pensando en cómo es uno de los últimos eslabones de una era del boxeo profesional que ya no existe.

“Es…”, continúa Izenberg antes de detenerse de nuevo. Transcurre otro segundo de su larga vida.

“Ya nada es como antes.”

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0:52

“Canelo” Álvarez pierde ante Terrence Crawford en Las Vegas

El mexicano Saúl Canelo Álvarez perdió por decisión unánime ante el estadounidense Terrence Crawford, nuevo campeón indiscutido de peso Supermediano.


EN LA TARDE del evento de boxeo más importante del año, dos boxeadores pelean en el Estadio Allegiant. Las puertas llevan horas abiertas, pero el estadio está prácticamente vacío. Crawford y Canelo están a unas horas de pelear. Desde la esquina roja pelea Mohammed Alakel. Juanito Ornelas debía estar en la esquina azul, pero no está.

“Es un negocio sucio”, dice Ornelas.

En lugar de prepararse para lo que creía la oportunidad de su vida esta semana, estaba en Temecula trabajando en la construcción. “Recibí una llamada diciendo: ‘Hemos tenido un cambio de planes'”, explica.

“¿Qué demonios?”, dijo Ornelas.

Un abogado le dijo que podía demandar al promotor, pero que eso arruinaría su carrera. O simplemente podía aceptar el dinero que le ofrecían para ser reemplazado. (No ha habido noticias oficiales de TKO).

“Acepté el dinero”, explica Ornelas. No era nada comparado con lo que realmente quería. Pelear en Las Vegas por él mismo, su familia y la memoria de su hermano. “¿Qué más podía hacer?”, pregunta. Su voz es una mezcla de ira, confusión y dolor. “No estoy peleando, he estado lejos de mi familia y no estaba trabajando. Necesitaba una compensación por esa mie—“.

Todo se siente especialmente cruel; probar el boxeo profesional al más alto nivel, justo cuando lo saboreaba, mientras se lo arrebataban de la boca. Pensó que había tenido la oportunidad de su vida, solo para descubrir que él, el boxeador de más clase trabajadora, era completamente reemplazable.

El día de la pelea, Ornelas deambulaba por Las Vegas. Era el último lugar donde quería estar. Estaba allí con sus amigos y familiares, quienes habían planeado viajar para verlo pelear. Algunos llevaban camisetas con el nombre de Ornelas en la espalda.

Alakel venció a Travis Kent Crawford (sin parentesco con Terence), el hombre que reemplazó a Ornelas, por decisión unánime en un combate de peso ligero. Ornelas no vio la pelea. Pero se imaginó en ese ring. Imaginó a los millones de personas viéndolo desde casa.


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2:18

¿Cuál será el futuro de Canelo Álvarez en el boxeo?

Los expertos de ESPN plantean las opciones que tiene el pugilista mexicano de cara al futuro en su carrera profesional.

LOS AVANCES TECNOLÓGICOS MUNDIALES se pueden rastrear junto con la forma en que se han transmitido y consumido las peleas más importantes. La pelea de 1897 entre Corbett y Fitzsimmons fue capturada en film. La grabación original, realizada con una cámara llamada Veriscope, duró más de dos horas y se considera el primer largometraje de la historia.

Se proyectó durante cinco semanas en Nueva York, cuatro en Boston y nueve más en Chicago. Luego se proyectó en Buffalo, Filadelfia y Pittsburgh antes de trasladarse al oeste, a San Francisco y Portland. Posteriormente, se proyectó en Londres. Actualmente, solo existen unos 20 minutos de la película original. Lo que queda forma parte del Registro Nacional de Cine.

Antes de ese film, cualquiera que quisiera saber los resultados de las peleas importantes tenía que esperar en la puerta de un lugar con telegramas para escuchar los resultados o leerlos en el periódico. Después de esa película, quien quisiera ver esos resultados, pagaba para verla en un cine.

La película atrajo a quienes normalmente no asistirían a una pelea de campeonato y ofreció a los empresarios y boxeadores una nueva forma de ganar dinero. Con sus rostros en los cines, algunos boxeadores se convirtieron en celebridades. Los más famosos incluso realizaban giras por el país como actores de teatro entre peleas. En su libro “Fight Pictures”, Dan Streible afirma que, debido a su presencia en pantalla, Jack Johnson fue esencialmente “la primera estrella negra del cine”. Eso cambió con “La Pelea del Siglo”.

Poco después de que Johnson venciera a Jeffries, se renovaron los llamados para prohibir el deporte y los cines cancelaron las proyecciones de las peleas. Dos años después, en lo que el profesor de derecho Barak Y. Orbach llama “una de las olas de censura cinematográfica más inquietantes de la historia de Estados Unidos”, el Congreso aprobó la Ley Sims. Se prohibió la transportación de películas de boxeo profesional a través de las fronteras estatales.

Después del cine, llegó la radio. El 2 de julio de 1921, ocho meses después de la apertura de la primera estación comercial del país, Jack Dempsey contra Georges Carpentier, también llamada “La Pelea del Siglo”, fue la primera gran pelea de boxeo profesional en transmitirse. Esto ocurrió un mes antes de que el béisbol profesional se transmitiera por radio. En Dempsey, el boxeo profesional tenía una estrella, incluso más grande que Babe Ruth durante la década de 1920. Fue el primer atleta en aparecer en la portada de la revista Time.

De los telegramas a los periódicos, luego del cine a la radio, de la televisión a las transmisiones de circuito cerrado y finalmente al pago por evento. En su época, cada uno de ellos representó la cúspide de los medios y el avance tecnológico.

En 2018, el streaming se unió a esta tendencia, con Canelo como su principal protagonista. Firmó un contrato de $365 millones con la plataforma de streaming DAZN. En aquel momento, era el contrato más grande de un atleta profesional.


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3:02

Álvaro Morales: “Una noche triste para el boxeo mexicano”

Álvaro Morales comenta la derrota del boxeador mexicano Saúl “Canelo” Álvarez ante el estadounidense Terrence Crawford, en Las Vegas.

CANELO ESTÁ DE PIE en la esquina roja, Crawford en la azul. No hay nada en el deporte como la anticipación antes del campanazo inicial. Mariposas se abalanzan contra las paredes del estómago, las palmas se sienten resbaladizas y el pecho comienza a apretarse. Durante meses, los boxeadores y los inversores han estado preparándose para este momento.

Han sido giras de prensa y entrenamientos con los medios desde Arabia Saudita hasta Nueva York y Nevada. El equipo de documentales de Netflix ha seguido cada campamento durante meses. Toda la música, las luces y las fotos con celebridades que quieren estar cerca de esto. Incluso el espectáculo de las caminatas al ring se acaba. Todo eso desaparece. Suena la campana y nos quedamos con dos hombres peleando.

Hay un momento en todas las peleas en el que se puede ver que los boxeadores entienden completamente quién es su oponente. Para Crawford, ese momento llegó en los asaltos intermedios. Fue entonces cuando el tamaño, el poder y la fuerza de Canelo, que se suponía eran sus ventajas, eran algo que Crawford podía sentir, en lugar de algo que solo podía imaginar estudiando videos.

Lo que Crawford descubrió fue que el tamaño de Canelo no era insuperable. Tras pelear parte de los primeros asaltos con el pie trasero, a medida que avanzaba la pelea, Crawford comenzó a volverse más agresivo. Si la potencia y la fuerza de Canelo estaban presentes, no eran suficientes para disuadir. No cuando los golpes a la cara eran lo suficientemente lentos como para que Crawford pudiera protegerse.

“Va a venir con esa mie— ancha”, le dijo Brian McIntyre a Crawford en su esquina al final del octavo asalto. McIntyre, a quien todos llaman BoMac, es el entrenador de Crawford. En ese papel impreso enmarcado que Carl Washington guarda en su gimnasio, el nombre de BoMac aparece justo debajo de Crawford. “Si se abre, tú vas al cuerpo”, continuó BoMac. La esquina de Crawford pudo ver que Canelo se estaba frustrando y perdiendo la compostura. Que se había vuelto más agresivo a costa de su técnica.

A medida que la pelea avanzaba y Crawford se afirmaba, la frustración de Canelo se hacía más evidente. Reaccionó a algunos golpes con incredulidad. Los vio venir y reaccionó como siempre, girando la cabeza y los hombros, pero de alguna manera, conectaron. Fue confuso porque nunca se suponía que fuera así.

Sí, sabía que Crawford era un oponente peligroso, pero no más que algunos de los otros que había enfrentado, sobre todo cuando peleaba fuera de su categoría. Se suponía que Crawford sería más bien un sustituto. El nombre de un oponente que se situaría entre las peleas de Canelo el Cinco de Mayo de 2025 y 2026. Se suponía que sería alguien que se desplomaría ante el poder de Canelo, tanto dentro como fuera del ring. Alguien que, como muchos de los oponentes de Canelo, parecía más agradecido por la oportunidad y el dinero que ganaría por pelear contra él que por cualquier otra cosa.

Y sin embargo, hacia el final de la pelea, mientras Crawford castigaba el rostro del boxeo, el combate se había alejado del boato y el espectáculo que se desprenden de eventos como estos. Hasta ahora, había sido una promesa entre un gran boxeador y una afición fiel de que los representaría y llevaría su bandera. Una razón para verlo rodeado de familiares y amigos, porque si este era uno de los pocos lugares donde teníamos la oportunidad de demostrar lo grandes que podemos ser, supongo que simplemente tendríamos que sentirnos orgullosos de pelear. Pero luego se convirtió en algo primitivo y simple. Ahora era algo más cercano a las esperanzas de alguien como Carl Washington, o al deseo que surge de perseguir sueños más grandes que solo los propios, como con Juanito Ornelas.

Las mejores peleas se sienten más grandes que eso. Representan ideas sobre nuestros poderes más prodigiosos, como naciones, personas, culturas y comunidades. Nos atraen porque se sienten como luz y calor en sí mismas.

Crawford comenzó a dominar. A controlar ese violento espacio entre su torso y el de Canelo. Para esquivar el jab y conectarle el guante en la cara, Crawford empezó a comprender que Canelo no podía hacerle daño. Una vez que eso sucedió, se convirtió en lo que son todas las grandes peleas: una lucha por defender lo que más le importaba a Crawford y arrebatarle lo que más le importaba a Canelo. Se convirtió en una historia en la que Canelo no logró seguir siendo lo que había sido hasta entonces y Crawford se transformó en lo que durante años solo él y unos pocos a su alrededor pudieron ver. Que si todo estuviera siquiera cerca de la igualdad, no habría un hombre en el mundo que pudiera vencer a Crawford.

“Respira, respira”, le instruyó Reynoso a Canelo justo antes del último asalto. Es difícil saber si su voz serena se debía a que no intentaba entrar en pánico o a que estaba tan sorprendido como todos los que lo vieron en el Allegiant Stadium y en todo el mundo. Porque incluso los aficionados de Crawford admitirían que no se suponía que pareciera tan fácil.

“Lanza con todas tus fuerzas”, le instó Reynoso.

Al comienzo del duodécimo asalto, ya era demasiado tarde.


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0:57

Canelo: Terence Crawford ‘es mucho mejor’ que Floyd Mayweather Jr.

Canelo Álvarez reflexiona sobre su derrota por decisión unánime ante el estadounidense Terence Crawford.

MÁS QUE CUALQUIER OTRO DEPORTE, el boxeo profesional se presta al pensamiento conspirativo. Es la estructura misma del deporte y su dependencia de aquellos a quienes ve como salvadores. Son los hombres del dinero en las sombras y todo lo que pueden perder. Son los promotores y patrocinadores, e incluso el estado donde ocurren las peleas. Desde los conductores de Uber hasta los trabajadores invisibles que limpian después de todos, desde quienes venden camisetas piratas de la marca de Canelo hasta los guías turísticos en la presa Hoover, desde quienes venden sexo y drogas hasta quienes hacen magia para borrar la línea entre lo que es y lo que parece ser: cada vez que una súper pelea llega a la ciudad, es un buen negocio para todos.

Este lado del boxeo es tan prominente que existe todo un género cinematográfico dedicado a él. Historias del boxeador que nunca recibió la oportunidad que necesitaba, o del que la tuvo y luego le fue arrebatada. El púgil que debía ganar pero fue robado por los jueces, o aquel que lo tuvo todo y después lo perdió. Todo simbólico de las luchas de la vida: que hay unos pocos que reciben todas las oportunidades y se benefician de las inequidades, mientras el resto siente que su momento nunca llegará.

¿Robarían a Crawford? Al final de la pelea, esa era la única pregunta que quedaba. En un mundo justo, el ganador estaba claro. Pero, de nuevo, en un mundo justo no existirían las circunstancias para que el boxeo profesional siquiera existiera.


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2:36

Crawford vence a Canelo y hace historia en el boxeo

Terence Crawford se convierte en campeón indiscutible en tres categorías de peso tras una victoria por decisión unánime sobre Canelo Álvarez.

TERENCE CRAWFORD está de rodillas, cerca del centro del ring. Su rostro mira hacia la lona y su mano derecha cubre sus ojos. A su alrededor está el mismo equipo que lo ha acompañado toda su carrera, casi todos empezaron en ese gimnasio de Omaha. Y porque pocas cosas muestran mejor el espectáculo de una pelea que su presencia allí, la voz de Michael Buffer resuena en cada rincón del estadio y en los hogares de quienes lo ven en todo el mundo.

“El ganador, por decisión unánime”, anuncia Buffer. “El orgullo de Omaha, Nebraska, EE.UU. ¡Y nuevo!…”

El cuerpo de Crawford tiembla ligeramente mientras reina un caos controlado a su alrededor. En el ring, son los productores quienes ordenan dónde debe pararse cada quien para que las cámaras muestren todo a millones en el planeta. Están los hombres del dinero, los segundos de cada esquina; la de Canelo, mucho más silenciosa de lo esperado. Afuera del ring, la mayor multitud que ha llenado el Allegiant Stadium: 70,482 personas, más que en el Super Bowl de hace menos de dos años. Desde las gradas, pequeños grupos comienzan a gritar de dónde vienen. “¡Omaha! ¡Omaha!”. Y por primera vez en toda la semana, esas voces no son opacadas por las demás.

“¡Denme espacio, carajo!”, grita BoMac dentro del ring mientras las cámaras se acercan a él y a su peleador, alejándose de Canelo.

Crawford, hijo de esa América ignorada, se alzó con la victoria. Su lugar en la historia del boxeo cambió en una hora. Alcanzó ese sitio donde, incluso si nunca más peleara, su nombre sería recordado. La historia era que, aunque no fuera la cara del deporte, acababa de hacer lo que solo un puñado de hombres lograron: lo extraordinario. Tuvo todas las desventajas y aun así ganó.

Cuando Crawford se pone de pie, sus ojos están rojos y húmedos, su rostro tenso. Se nota ira y alivio a la vez. Ira de que le haya tomado tanto tiempo que los demás vieran lo que él siempre supo: que era mejor que Canelo y que todos los que enfrentó. Alivio de haber tenido razón. Como boxeador, debes convencerte de que nadie puede vencerte. A veces, lo necesario es seguir trabajando aun cuando nadie mira, persiguiendo algo que quizás nunca llegue.

Con todas las miradas encima, convertido en el espectáculo, Crawford respira profundo. Luego, el mejor peleador de su generación —el mejor desde el retiro de Mayweather y el único de esta era en ser campeón indiscutido en tres divisiones— es cubierto con los cinturones recién ganados. Su rostro casi no muestra sorpresa. A diferencia de la mayoría, él siempre lo esperaba.


“A VECES INTENTAS y tu cuerpo ya no responde”, dice Canelo.

Habla en inglés en la conferencia de prensa, horas después de perder. Hace algunos años comenzó a hablar el idioma porque era bueno para su marca. Ese aprendizaje público lo humanizó: pocos pueden relacionarse con alguien que lo tiene todo, pero todos entienden lo que es luchar con algo difícil.

“Esa es mi frustración”, añade Canelo. Procesa que por primera vez en 14 años no es campeón mundial. Está sentado entre Richard Schaefer y Eddy Reynoso, que parece alguien agotado tras horas fumando fuera de una sala de emergencias. La atmósfera es sombría. Los tres, frente a una mesa vacía donde antes estaban los títulos.

“Mi cuerpo ya no responde”, repite, casi para sí mismo. Basta que los reflejos se ralenticen una fracción de segundo: un golpe que conecta el rival, el tuyo falla. Esa fracción marca la diferencia entre la victoria y la derrota. Un parpadeo, y se fue.

Mientras habla del cuerpo que le dio poder y fortuna, suena como alguien obligado a enfrentar su propia mortalidad. Como rostro del boxeo, vivió en un espacio reservado a pocos. Pero ahora llegó a ese lugar duro donde todos los peleadores acaban. Incluso antes de esta derrota, sabía que el final estaba cerca. Creyó que tendría más control sobre cómo sería. Pero hablando con un rostro golpeado, todo se siente distinto.

“Por ahora, solo quiero disfrutar de mi familia”, concluye. Más allá de eso, no sabe qué sigue. Se tomará unas semanas y luego hablará con su equipo sobre el futuro. Discutirán qué hacer con un peleador de 35 años que siente que su cuerpo lo traiciona.


CAMINAR POR LAS CALLES de Las Vegas un domingo después de una gran pelea es ver a los invisibles que limpian tras los turistas que se marchan con ojos hinchados, olor a alcohol, y regresan a sus ciudades. Es ver el relevo constante de visitantes, porque siempre hay algo más. Y con los Raiders programados para el “Monday Night Football”, no hay señales de Canelo vs. Crawford en el Allegiant ni en los carteles luminosos de los casinos.

El domingo por la mañana, ya se percibe que Canelo empieza a desvanecerse. Su rostro, nombre, logo y marca ya no son omnipresentes como un día antes. Siempre terminaría así, porque con o sin Canelo, la máquina sigue. Recuerda que si incluso Canelo es reemplazable tan fácilmente, entonces la crueldad del boxeo está entrelazada con la esencia misma de este país.

Por ahora, el rostro de Crawford es más visible que nunca. En un día, pasó de ser aquel con demasiadas desventajas para ganar, a estar entre los mejores de todos los tiempos. Pero cumplirá 38 en unos días. Su oportunidad llegó tarde. Probablemente no será la cara del deporte. Puede que no tenga otra súper pelea. Le quedará esta noche. Ese sentimiento único del día después. Pero pronto también se desvanecerá.

El boxeo tendrá que encontrar y aferrarse a alguien más.




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