La carga mental no se ve, pero pasa factura. Es esa lista invisible que anticipa, recuerda, organiza y sostiene el día a día de una familia, y que en España hace que las mujeres dediquen de media 12,5 horas semanales más que los hombres a las tareas domésticas y cuidados. Cara y Cruz, el nuevo cortometraje escrito y dirigido por María Bestar, pone nombre a esta realidad desde la comedia y la ficción, con dos de los mejores actores de nuestro país Luisa Mayol y Luis Tosar —pareja también en la vida real y padres de dos hijos, León (10) y Luana (7)— al frente del reparto. Unidos desde hace más de una década, no es la primera vez que trabajan juntos, ya lo hicieron en Amanece en Samaná, Quien a hierro mata, Fatum, Canallas. Ahora vuelven a coincidir para dar vida a María y Jordi, una pareja moderna convencida de compartirlo todo, hasta que una inesperada inversión de roles le obliga a él a descubrir el peso de todo aquello que ella llevaba años sosteniendo en silencio. No es una historia contra nadie: es una historia a favor de la igualdad.
¿Cómo surgió la idea de ‘Cara y cruz’? ¿Hasta qué punto os sentís identificados con esta lista invisible de responsabilidades que sostiene la protagonista de la ficción? ¿Os inspirasteis en vuestra propia dinámica familiar para darle verosimilitud a la historia?
Luisa: Pues la idea de Cara y Cruz surgió por María Bestar, con quien estoy trabajando en un largometraje que rodaremos juntas en los próximos meses. Estábamos en una reunión y me contó que tenía este cortometraje. Lo leímos y nos interesó, especialmente, por quién es María y por esa fuerza que tiene en la lucha de dar voz a las mujeres que no la tienen. Ya lo hizo con su cortometraje No estoy loca, y ahora, nos pareció interesante contar esta historia, que habla de algo que se ha normalizado porque no se ha puesto sobre la mesa.
Luis: Gracias al corto, mucha gente empezará a poder identificar ciertos comportamientos y dinámicas que se han asumido como normales dentro de nuestras familias, pero que están muy lejos de serlo y que, evidentemente, tienen que cambiar.
Luisa: Nosotros no nos inspiramos en nuestra propia dinámica familiar porque, bueno, nosotros tenemos una dinámica que no es la normal tampoco. Nos dedicamos a esto de la interpretación y tenemos una dinámica que es bastante especial, pero es cierto que la carga mental siempre está en una mujer. Tengas una dinámica familiar fantástica, te puedas organizar o no, tengas ayuda o no… La carga mental está en nosotras porque nos han enseñado a vivir de esta forma. Nos han educado haciéndonos responsables de todo lo que tiene que ver con las labores y las responsabilidades de una familia. Por eso hay muchas mujeres que al final del día pues no entienden muy bien qué les pasa, por qué se sienten tan sobrepasadas, tan cansadas… Y muchas veces tiene que ver con este tema, con que tienen la total y absoluta responsabilidad de un hogar.
“Tenemos una buena complicidad en pantalla, nos conocemos bastante bien”
Formáis una pareja tanto dentro como fuera de la pantalla. ¿Cómo ha sido trabajar juntos en un proyecto que habla precisamente de la conciliación? ¿Os ha servido este rodaje para renegociar o visibilizar mejor vuestras propias tareas en casa?
Luis: En mi caso, seguramente sí. Ha sido una manera también de ilustrar cosas en las que quizá antes no había puesto toda la atención necesaria, aunque uno intente equilibrar la balanza lo más posible en el día a día e intente estar atento a las corresponsabilidades que hay en el hogar. De alguna manera, poner nombre y poner estructura a lo que ocurre en el día a día, referente a la carga mental, sí que creo que te abre los ojos desde algún modo y creo que siempre queda trabajo por hacer. Aunque haya empeño, aunque haya voluntariedad, aunque haya ganas y objetivos por alcanzar, creo que siempre hay cosas en las que uno necesariamente va por detrás, porque es verdad que hay una cierta inercia en la tradición y en la estructura tradicional que nos lleva, de alguna manera también a aprovechar esa comodidad.
Luisa: Me sumo a lo que dice Luis y, en mi caso, yo creo que además, a nosotras, nos ayuda a contemplar la posibilidad de delegar. Pero no solo en el ámbito doméstico, sino también delegar en quién toma las decisiones. Es importante que se ponga sobre la mesa que esto tiene que ver con responsabilidades, y lo importante es que exista una corresponsabilidad para que esto cambie. Porque si es un “te ayudo”, el “te ayudo” no nos sirve: seguimos siendo nosotras las responsables. Sin embargo, una corresponsabilidad que tiene que ver con ambas partes, nos permite iniciar un cambio.
¿Es fácil trabajar juntos, conoceros tan bien ayuda delante de la cámara o en algún momento puede complicarlo?
Luis: Yo creo que siempre ayuda. Además, en este caso, nos brindaba la oportunidad de trabajar en poco tiempo, porque no teníamos muchos días en la agenda como para poder dedicarle a la preparación del corto. Y vivir y convivir siempre nos ayuda.
Luisa: Sí. Desde luego, nosotros tenemos una buena complicidad en pantalla, nos conocemos bastante bien. Somos una pareja de actores que nos viene bien trabajar juntos porque nos complementamos muy bien y yo creo que siempre eso suma.
“Ciertos comportamientos se han asumido como normales dentro de nuestras familias, pero están muy lejos de serlo”
La película habla de quién asume la responsabilidad invisible de la casa. Sabemos que vuestra profesión implica horarios irregulares y viajes. Cuando uno de los dos está fuera por trabajo y el otro se queda, ¿quién lleva mejor ese peso extra de la carga mental? ¿Quién lleva mejor eso de tener que pensar en todo durante unos días?
Luis: Seguramente lo llevo yo mejor, porque seguramente no pienso en todo durante unos días. Seguramente me faltan muchas cosas en las que pensar.
Luisa: Bueno, es que yo ya de partida no lo llevo bien… Cuando tengo que partir de casa, me genera bastante inestabilidad, estrés, preocupación… Lo hago porque amo mi profesión, porque tengo la maravillosa posibilidad de tener ayuda, pero están la preocupación, la culpa y las ganas de volver pronto.
La historia da un giro divertido cuando Jordi experimenta en primera persona el peso de esa carga. ¿Qué es lo que más os ha llamado la atención de esa inversión de roles? ¿Crees que hay algo cómico o absurdo en descubrir que de repente todo lo que hacías sin darte cuenta o en ver a un hombre asumiendo ciertos roles domésticos?
Luisa: Creo que la realidad no es que no te des cuenta, sino que se ha normalizado. Es un tema que no se habla porque se ha normalizado y al normalizarse, pues suceden estas cosas. Lo que llama la atención del corto es que explica claramente lo que ocurre en la mayoría de los hogares, pero por una cuestión de que nos han enseñado a vivir así, de que nos han educado de esta manera.
Hay datos que hablan de una diferencia de 12,5 horas semanales entre hombres y mujeres en España, en las tareas domésticas y de cuidados. ¿Os sorprende esa cifra?
Luisa: No, sorprenderme no me sorprende, hubiera pensado que era más, la verdad. Creo que la carga mental en una mujer está las 24 horas. Porque las mujeres están organizando, reorganizando, repensando las 24 horas del día. Hay una preocupación por los médicos, el colegio, las extraescolares, el trabajo, la conciliación, la familia… Está constantemente, y por eso se llama carga mental, porque creo que las mujeres no soltamos esa preocupación y esa dedicación constante.
Luis: Sí, no resulta sorprendente, incluso hasta me parecen pocas.
“La carga mental está en nosotras porque nos han enseñado a vivir de esta forma”
A favor de la igualdad la premisa es clara, no es una historia contra nadie, es una historia a favor de la igualdad. Más allá de la risa, ¿qué esperáis que se lleve el espectador al ver la película, qué conversación os gustaría que se abrieran los hogares?
Luisa: A mí me gustaría que existiera debate, que se pusiera el tema sobre la mesa y se hablara muchísimo. Que se lograra hacer ver que esto también tiene que ver con igualdad. Que nos atrevamos también y nos permitamos educar desde ese lugar. Los roles tienen que ser compartidos, porque hoy, justamente hablando de igualdad, las mujeres trabajamos mucho más y esto ya está pasando: trabajamos, llegamos a casa y seguimos trabajando. Seguimos trabajando en la organización y probablemente, estamos con una parte de nosotras en todo lo que tiene que ver con lo familiar, con lo doméstico, con los hijos. A mí me gustaría que se toque el tema, que se hable, porque siento que es un tema que está absolutamente normalizado por un tema de educación y está lejos de ser normal.
Luis: Creo que es importante poner nombre a las cosas. En cuanto algo tiene una denominación, ya existe. Cuanto las cosas tienen nombre propio, ya son más fáciles de identificar y es más fácil luchar contra ellas.
El cortometraje aborda un tema muy serio, pero desde la comedia y situaciones muy reconocibles, ¿por qué creéis que el humor es una herramienta efectiva para hablar de igualdad sin que se sienta como un reproche o una lección moral?
Luis: Creo que la comedia, el humor en general, siempre es un muy buen vehículo para quitar solemnidad a cosas que ya de por sí la tienen, y es una herramienta efectiva para llegar al público. Cuando somos excesivamente solemnes, seguramente nosotros mismos tendemos a rechazar el mensaje o inmediatamente nos colocamos en un lugar mucho menos receptivo. La comedia hace que las cargas de profundidad sigan siendo de profundidad, pero entren de una manera un poquito más amable o, a veces con la guardia más baja.
Luisa: Sí, mostrando de forma más clara lo que sucede, en este caso, si se invierten completamente los roles. Creo que María también lo he tenido claro desde el comienzo y ha querido contarlo desde la comedia porque ha querido mostrarlo no quitando gravedad al asunto, pero sí de una manera que a lo mejor pueda llegar un poco más y mejor a las personas.
Luis: Sí, resultar un poco más cómplice, ¿no?
Luisa: Claro, exacto.
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