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Raquel Huéscar, psicóloga perinatal: “El anhelo de tener un hijo permite imaginar un futuro todavía inexistente y proyectarse en la experiencia de cuidar a alguien”

August 17, 2026 - farandula
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Raquel Huéscar, psicóloga perinatal: “El anhelo de tener un hijo permite imaginar un futuro todavía inexistente y proyectarse en la experiencia de cuidar a alguien”


La maternidad y la paternidad es un viaje hacia una vida nueva. Y nos referimos no solo a la del bebé, sino a la nueva forma de vivir de la madre y del padre, que cambia para siempre. Los cambios no siempre son, sin embargo, fáciles de transitar ni de entender, por mucho que se asimilen con entusiasmo. Por eso hemos hablado con Raquel Huéscar, psicóloga perinatal y divulgadora (@raquelhuescarpsicologa), que ha coordinado el libro El viaje de la maternidad (Ed. Sentir), varios de cuyos capítulos también ha escrito. El libro cuenta con otros autores referentes en su materia, como Liset Álvarez, Natalia Valverde, Beatriz Sanz, Fabiola Cortés-Funes, Carlos Pitillas y Raquel Reyes.

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Huéscar nos explica, en esta entrevista, todo lo que es necesario conocer acerca de cómo fomentar el vínculo con el bebé y de cuál es el papel del padre los primeros días y semanas de vida del pequeño, y habla de distintas etapas en la vida de los progenitores y de los hijos. Sus palabras transmiten sabiduría y sosiego.

La maternidad es un momento de grandes oportunidades, pero también de gran vulnerabilidad.

Raquel Huéscar, psicóloga perinatal y divulgadora

Una de las afirmaciones más significativas del libro es que la maternidad comienza antes de la llegada de un hijo e incluso, antes del embarazo. ¿Cuándo y cómo comienza?

La maternidad comienza en el deseo de ser madre de la mujer. Es un enigma por descubrir, dado que el anhelo que lleva a plantearse la maternidad es íntimo, único y genuino. Algunas lo tienen claro desde niñas, otras lo descubren por sorpresa y otras lo viven con incomodidad, ya que sienten que cuando aparece ese deseo es difícil pensar en otros asuntos.

En la construcción de este deseo intervienen la historia familiar, las relaciones significativas y también los factores sociales y culturales del contexto en el que cada persona vive. El anhelo de tener un hijo permite imaginar un futuro todavía inexistente y proyectarse en la experiencia de cuidar, criar y educar a alguien. Puede estar presente en una mujer, en un hombre o en una pareja, y adquiere formas diferentes en cada historia.

En ese deseo hay ciertas expectativas más o menos conscientes: “podré repetir la relación que yo tuve con mi madre”, “vendrá a darnos amor”, “será el hijo que podrá realizar lo que nosotros no pudimos hacer”… Tantas como familias.

Por eso, acercarse al deseo de ser madre implica detenerse a escuchar qué hay detrás de ese anhelo. ¿De dónde nace? ¿Qué historias lo alimentan? ¿Qué lugar ocupa el futuro hijo en el imaginario de sus padres? ¿Qué expectativas, temores o reparaciones pueden estar presentes?

En este libro queremos ahondar en las motivaciones, conscientes e inconscientes, que pueden acompañar el deseo de ser madre. Porque el embarazo de una mujer no comienza únicamente con la concepción: también refleja, de algún modo, la vida que la precede, sus vínculos, sus experiencias y las representaciones que ha ido construyendo a lo largo de su historia.

Por ello, proponemos algunas preguntas que invitan a detenerse y reflexionar sobre este deseo, no para encontrar respuestas correctas, sino para favorecer una mirada más consciente sobre el propio camino hacia la maternidad.

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¿Qué relación hay entre ese deseo de ser madre, esa idea o ensoñación de maternidad, con la crianza de los hijos? Entiendo que puede ayudar para bien, pero ¿y cuándo hay algún problema que hace que la realidad, una vez con el hijo en casa, sea muy distinta a como se había soñado?

Los hijos siempre traen algo distinto a lo soñado. El niño, cuando llega, tiene su propia personalidad, temperamento y va construyendo sus gustos. Se puede acercar en mayor o menor medida a las expectativas que se tienen. Algunos hijos, con su carácter, vienen a cumplir las ideas preconcebidas de sus padres. Otros, suponen un desafío por diferente.

La flexibilidad para transformar la expectativa del hijo imaginado al hijo real es fundamental: observar para escuchar lo que necesita cada uno de nuestros hijos; al mismo tiempo que dejarles la libertad de ser quienes son, aunque con ello represente una frustración para los padres.

En ocasiones, la llegada es antes de tiempo (prematuridad) o hay sospecha de diagnóstico prenatal de una condición poco frecuente o no esperada, lo que conlleva en los padres un esfuerzo por inesperado. En ocasiones los hijos llegan en contextos sin los suficientes recursos para cubrir las necesidades o en una experiencia migratoria donde no se cuentan con apoyos suficientes. También ocurre en la adopción, donde la experiencia del maternaje no está atravesada por la biología. En el libro dedicamos un capítulo a explicar que cada madre y su familia tiene una circunstancia distinta, las particularidades del duelo y la construcción del vínculo con el hijo.

Bebé sonriente© Getty Images

Antes de llegar a ese punto, el vínculo madre e hijo se empieza a formar ya en el embarazo. ¿De qué manera? ¿Puede la madre potenciarlo ya de alguna forma durante la gestación?

La relación que se establece entre la madre y el bebé es paulatina. Al comienzo la incredulidad tras la prueba de embarazo hace que la noticia sea difícil de aceptar. Aunque sea deseado, al principio cuesta hacerse a la idea. Ante los primeros movimientos fetales, la madre puede empezar a percibir al bebé como un otro distinto, lo que favorece que se cuide en la alimentación o determinados hábitos.

En el segundo trimestre se hace más patente esa vinculación, en la que la transformación física del embarazo se ve acompañada de una transformación interna. La mujer comienza a anticipar cómo será su vida, a preparar el entorno, a prestar más atención al bebé, sus movimientos o cómo será. Esa preparación es fundamental y puede ser dificultada por la falta de apoyo social, problemas de pareja, la preocupación extrema, si ha habido pérdidas perinatales anteriores, el estado de ánimo deprimido o sospechas de dificultades en el bebé.

Esa preparación interna es fundamental, dado que surge cierto interés también hacia la propia historia, la madre y la infancia vivida. Ese acercamiento ayuda a conectarse con el bebé y aumentar la empatía hacia sus necesidades.

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Una de las cuestiones que se plantean en el libro es el papel del padre que acompaña durante la gestación, si en cierto modo está “embarazado también”. ¿Qué dirías al respecto?

La experiencia de embarazo es profundamente femenina. Mientras que la mujer siente el embarazo, el hombre o pareja que acompaña intenta encontrar un lugar frente a lo que acontece. A veces testigo, cómplice, compañero. Para ellos puede ser difícil encontrar su posición, en la que algunos se sienten excluidos. Ellos suelen centrar su atención en otros aspectos externos, mientras la mujer siente en su interior al bebé. Son experiencias distintas. No obstante, el lugar del padre o pareja en el embarazo es crucial, no solo como apoyo emocional, sino en la asunción del nuevo rol, que implica la llegada y el cuidado de un hijo.

Muchas mujeres se sienten decepcionadas por el lugar que ocupan sus parejas en este transitar. Es difícil estar a la altura ante el cambio que implica la paternidad. No obstante, hay que recordar que ellos también atraviesan una crisis, pueden dudar o sentirse asustados, pero aún así ser suficientemente buenos en su lugar.

Los hijos siempre traen algo distinto a lo soñado.

Raquel Huéscar, psicóloga perinatal y divulgadora

¿Es importante que la mujer se prepare emocionalmente para el parto? ¿Cómo hacerlo?

Este libro reivindica la dimensión psíquica de la transición a la maternidad y parte importante tiene que ver con la forma en la que venimos al mundo. Nuestro imaginario sobre el parto está cargado de escenas angustiantes y caóticas, arraigado en nuestra cultura en la que el nacimiento viene ligado al sufrimiento.

Por eso, proponemos un trabajo de profundización hacia la propia manera de nacer, a través de una serie de preguntas que planteamos en el libro. De esta forma, detectar las propias ideas permite ser consciente para abrir a nuevos significantes, a imaginar otro tipo de parto, desechando ideas preconcebidas o miedos heredados.

Una vez que el bebé está en casa, el cambio es tan grande, tan radical, que muchas mujeres sienten, en esos primeros días de falta de sueño, de dudas constantes, que ella ha desaparecido en cierto modo, que ha dejado de ser importante en su propia vida. ¿Es normal este tipo de pensamientos? 

Los primeros días o semanas pueden ser cansados o agobiantes. La responsabilidad de cuidar al recién nacido puede ser abrumadora y, sumado a la inestabilidad emocional, puede generar llantos inesperados, cambios de humor, inseguridad o momentos de gran agotamiento.

Si algo define este periodo es la generosidad, que implica dejar de lado aspectos de una misma y de los propios proyectos para el cuidado total del bebé. Aceptar la renuncia y entender que es imposible llegar a todo, puede ayudar a que esta transición se lleve lo mejor posible. Con el tiempo, los niños van creciendo, sus necesidades cambian y la energía poco a poco puede ir organizándose de otra manera. También para una misma.

El viaje de la maternidad, de varios autores y coordinado por Raquel Huéscar© Editorial Sentir

¿Cuándo consultar a un profesional?

La maternidad es un momento de grandes oportunidades, pero también de gran vulnerabilidad. En cada momento de la transición a la parentalidad pueden surgir momentos en los que consultar. En el momento de planteárselo, cuando se acude a reproducción asistida, en el embarazo, por un parto complicado o dificultades de vinculación tras la llegada del bebé.

Entre un 10 y un 20 % presentan síntomas de depresión durante el embarazo o el postparto. El blues del posparto, es un estado emocional transitorio, que afecta casi a la mitad de las mujeres en sociedades occidentales tras dar a luz. Se diferencia de la depresión por la duración y la intensidad.

Lo más importante es entender que, aunque cuesta pedir ayuda porque muchas madres se sienten avergonzadas o culpables, hay tratamientos eficaces que ayudan a prevenir dificultades más serias.

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En el libro hablas también de la importancia de la lactancia para fomentar el vínculo madre-hijo. ¿Cómo se logra?

Alimentar al bebé no solo es ofrecerle nutrientes, es una experiencia relacional. En la experiencia cotidiana en la que el bebé llora y su madre le ofrece el pecho, se entreteje una relación que influirá en su vida adulta. Alimentar es ofrecer la presencia, el cuidado y la confianza básica.

Por un lado, el bebé que no es capaz de calmarse por sí mismo, es calmado por otra persona. Comienza algo fundamental para la vida, “pedir para recibir”. Por otro lado, el adulto transforma el llanto en una llamada, lo que generará confianza para sus vínculos futuros.

Raquel Huéscar, psicóloga perinatal© Raquel Huéscar
Raquel Huéscar, psicóloga perinatal

¿Se puede fomentar en ese momento de alimentación cuando no se da el pecho al bebé?

Las recomendaciones de organismos nacionales e internacionales recomiendan la lactancia materna por sus múltiples ventajas, pero cuando no es posible es necesario no añadir culpa o juicio a las madres.

Dar el biberón con cariño, sostén, brazos y mirada es una experiencia relacional que genera también seguridad. La presencia afectiva, la regularidad y la disponibilidad emocional son muy importantes. Lo esencial no es solo qué se da, sino cómo se da.

Las madres están sujetas a muchas opiniones, críticas y miradas; lo que pueden hacerles sentir presionadas.

Raquel Huéscar, psicóloga perinatal y divulgadora

También en lo que se refiere a la alimentación del hijo, hablas de la importancia del acompañamiento emocional a la madre. ¿Por qué?

Se piensa la lactancia como algo que queda únicamente entre la madre y el bebé, pero se trata de una escena extendida que requiere acompañamiento. Beatriz Sanz remarca que cuidar a quien cuida no es un lujo: es una necesidad fundamental para que el acto de amamantar pueda desplegar su riqueza emocional y simbólica.

El padre o pareja que acompaña no solo ayuda con lo práctico, sino que ha de ofrecer presencia emocional, escucha y validación. Las madres están sujetas a muchas opiniones, críticas y miradas; lo que pueden hacerles sentir presionadas.

El padre o pareja, las otras madres, la familia de origen y una sociedad que respete las decisiones de las madres son fundamentales para legitimar y apoyar la lactancia, evitando el juicio por la forma de alimentar.



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