Este verano ha vuelto a batir récords de temperatura en España, con varias olas de calor sucesivas. Ante este escenario, la fundadora del estudio Arquitectura Sana explica que la adaptación pasa, sobre todo, por recuperar una arquitectura capaz de ofrecer confort con menos recursos. La prioridad debe ser evitar que el calor entre en el edificio, mediante protecciones solares exteriores, vegetación y un diseño que reduzca la exposición directa al sol, ya que la relación entre el edificio y su entorno será cada vez más importante para mitigar el efecto isla de calor.
En segundo lugar, defiende envolventes mejor diseñadas, que combinen aislamiento e inercia térmica. Aislar no es suficiente: si el calor llega a entrar, los sistemas constructivos ligeros tienden a acumularlo y alcanzan temperaturas muy elevadas, mientras que la masa térmica actúa como un amortiguador que estabiliza la temperatura interior y mejora el confort. Es el mismo principio que ya aplicaban las casas tradicionales de muros gruesos de piedra o adobe: esa masa absorbe el calor del día muy despacio y lo libera durante la noche, cuando ya ha refrescado, manteniendo el interior mucho más estable.
La tercera estrategia clave es garantizar una ventilación natural eficaz, preferiblemente cruzada, para evacuar el calor acumulado, que puede complementarse con soluciones de bajo consumo, como los ventiladores, cuando las condiciones urbanas lo dificultan.
En la propuesta, dormitorio de una vivienda diseñada con criterios de bioconstrucción. Firma el proyecto Arquitectura Sana y House Habitat Biopasiva ha sido la empresa constructora.
“El éxito de la adaptación climática exige una corresponsabilidad entre el diseño de los edificios y las personas que los utilizan”, afirma. Porque, como recuerda a lo largo de todo el reportaje, la arquitectura no puede resolver el problema por sí sola: también debemos replantearnos nuestros hábitos, expectativas de confort y patrones de consumo.
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