Hacerse flequillo permite cambiar de imagen sin renunciar al largo de la melena, pero acertar requiere algo más que llevar una foto a la peluquería. El que favorece en una alfombra roja puede necesitar otra longitud, menos cantidad de pelo o una apertura diferente para encajar en nuestro rostro. A partir de los 45, la elección tampoco se resuelve con una norma sobre la edad, los gustos y las características del cabello tienen mucho que decir.
Paul Tudor, estilista y director del salón David Künzle Fuencarral, en Madrid, se inclina por los acabados ligeros, desfilados y con movimiento cuando se busca refrescar la expresión. Y advierte que “el principal error es cortar demasiado y dejarlo muy corto”. De ahí que convenga decidir primero cómo queremos llevarlo y cuánto estamos dispuestas a peinarlo.
La cantidad de cabello cambia por completo el efecto de un flequillo. Una misma longitud puede verse suave si deja entrever la frente o mucho más marcada cuando forma una línea compacta. Tudor prefiere los que resultan “principalmente desfilados y ligeros, con mucho movimiento”. Según su criterio, un acabado demasiado recto o cargado puede sumar dureza al conjunto.
Esa ligereza aparece en los wispy bangs, el tipo de flequillo con el que el experto identifica el miniflequillo de Eva Longoria. Lo define como “un flequillo desfilado en las puntas” y destaca que “aporta juventud y naturalidad gracias a su movilidad, ya que es ligero, poco denso”. La clave está en la textura de las puntas y en el movimiento, dos detalles que conviene distinguir del simple hecho de llevarlo corto.
Tampoco basta con pedir poca cantidad de pelo en todos los casos. “Si el pelo es fino, es necesario darle volumen”, señala el estilista. Y añade que “si hay poco pelo, la opción es aparentar movimiento y saber elegir muy bien el tipo de flequillo porque no valdría cualquiera”. La densidad disponible debe valorarse antes de decidir cuánto cabello se lleva hacia la frente.
Entre las opciones que recomienda están los flequillos cortina, abiertos en el centro y más largos hacia los laterales. “También son muy cómodos para el día a día e ideales en mujeres de más de 45-50 años con el rostro alargado“, explica Tudor. También los propone para frentes anchas y menciona a Jennifer Lopez como referencia. El grado de apertura y el largo permiten ajustar el marco que dibujan alrededor de la cara.
Para los rostros ovalados o redondos, el experto se decanta por “flequillos abiertos y ladeados”. Los que se peinan hacia un lado figuran, además, entre sus recomendaciones para facciones más duras y marcadas. Antes de elegirlo, interesa observar dónde cae el mechón lateral y cómo se une al resto del corte.
Un flequillo largo y abierto puede prolongarse en los mechones que rodean el rostro; en un corte con capas, conviene pensar en el movimiento de todo el conjunto. Tudor también apunta al long shag bien capeado entre las alternativas para mujeres de más de 45-50 años con la cara alargada. Elegir el flequillo y el corte a la vez ayuda a explicar en el salón el resultado que buscamos.
El flequillo recto lo propone para caras alargadas u ovaladas, pero recomienda no elegirlo especialmente tupido, “uno muy recto o muy cargado nos pondría años”, señala. La forma de trabajar las puntas también cuentan al decidir el resultado.
En cuanto al muy corto, Tudor considera que se puede adaptar a muchos rostros. Aunque él evitaría esta versión en melenas rizadas. Antes de cortar, conviene valorar también los remolinos, que pueden complicar el peinado.
Enseñar al profesional cómo cae el cabello y explicarle si lo dejamos secar al aire o recurrimos al secador ayuda a adaptar el corte a nuestra textura y nuestros hábitos. Y, como gran amante de los flequillos, añadiría una pregunta imprescindible en esa conversación: ¿cuánto tiempo voy a necesitar para peinarlo cada mañana? Saberlo antes de acercar las tijeras ayuda a elegir uno que encaje en tu día a día y evitar arrepentimientos.
Además de cortar demasiado, otro riesgo es elegirlo únicamente por el efecto rejuvenecedor que esperamos conseguir. Tudor quiere desterrar “el pensar que con más de 50 años ya no puedes llevar flequillo o que lo haces para tapar arrugas en la frente o líneas glabelares en el entrecejo”.
Cuando una mujer le pide un flequillo para rejuvenecer su imagen, Tudor empieza preguntando. “Lo primero que haría es conocer sus gustos y con sus facciones, llegar a un punto de acuerdo, asesorarle”. Entre sus opciones favoritas están los largos y abiertos, los shaggy y los cortina, siempre adaptados a la persona que va a llevarlos.
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