Presley Gerber había decidido pedir ayuda. En los días anteriores a su muerte, el hijo de Cindy Crawford y Rande Gerber atravesaba un momento complicado y las personas de su entorno habían percibido que algo había cambiado en él. “En las últimas semanas parecía un poco raro. Algo no estaba bien. Energéticamente, no parecía él mismo”, ha explicado una fuente cercana a Page Six.
Son palabras que adquieren ahora un significado especialmente doloroso. Presley murió el domingo 20 de septiembre, a los 27 años, apenas unas horas después de ingresar voluntariamente en un centro de rehabilitación de Santa Mónica, California. Su muerte continúa bajo investigación y, aunque la policía trabaja sobre la hipótesis de una posible sobredosis, el médico forense todavía no ha determinado oficialmente ni la causa ni la forma del fallecimiento.
Quienes estuvieron cerca de Presley habían notado que no atravesaba su mejor momento. Según una fuente citada por Page Six, sentía que “le faltaba un propósito en la vida”, consideraba que todavía “no había encontrado realmente su lugar” y no tenía claro hacia dónde quería dirigir su futuro.
“Estaba lidiando con muchos problemas, pero deseaba con todas sus fuerzas liberarse de sus adicciones”, aseguró esta persona, que lo recuerda como “un chico tan bueno”.
En medio de esas dificultades, Presley permaneció muy cerca de los suyos. Había estado con su familia durante la semana anterior a su muerte y había compartido especialmente mucho tiempo con su padre, Rande Gerber.
Solo unas semanas antes, Presley había mostrado una imagen muy diferente en sus redes sociales. En su última publicación de Instagram, del 5 de agosto, aparecía sonriente posando en un jardín, poco más de un mes antes de su muerte.
Las dificultades que Presley intentaba superar en sus últimos días venían de lejos. Una persona que lo conoció durante la pandemia, cuando trabajaba de manera intermitente en Cafe Habana, el restaurante de Malibú del que su padre era copropietario, ha contado a Page Six que mantuvieron “conversaciones profundas y muy abiertas”.
Lo recuerda como un “chico estupendo” y “súper amable”, pero también como alguien que libraba sus propias batallas. “Tenía sus propios demonios. No todos relacionados con ser hijo de famosos”, explica.
El propio Presley llegó a confesarle lo difícil que le resultaba confiar en los demás por pertenecer a una familia tan conocida. “Es difícil porque nunca sabes si alguien quiere ser tu amigo o si quiere algo a cambio”, reconoció.
Pero Presley llevaba tiempo librando una batalla mucho más complicada. Había hablado públicamente de sus problemas con las adicciones, del consumo de diferentes sustancias y de sus intentos por recuperarse. Y en sus últimos días tomó una decisión significativa: volver a pedir ayuda.
Ingresó voluntariamente en Resolutions Living, un centro residencial de Santa Mónica especializado en el tratamiento de adicciones y problemas de salud mental. Se registró alrededor de las 22:00 horas del sábado, la noche anterior a su muerte.
Según una fuente citada por TMZ, Presley parecía encontrarse bajo los efectos de una sustancia no identificada cuando llegó al centro, aunque se trata de un testimonio y no de una conclusión oficial de las autoridades.
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