
Hay distancias que se toman para protegerse, aunque hacerlo duela. Silvia Bronchalo ha vuelto a sentarse ante las cámaras de Telecinco para hablar de uno de los capítulos más difíciles de su vida: la relación con su hijo, Daniel Sancho, condenado a cadena perpetua en Tailandia por el asesinato del cirujano colombiano Edwin Arrieta. En la segunda parte de su entrevista en ¡De viernes!, emitida este viernes, la madre del joven ha aclarado el origen de las conversaciones telefónicas que se filtraron recientemente y ha explicado por qué decidió dejar de hablar con él. “Siento que no me quiere”, ha confesado, visiblemente afectada por una situación que, según sus propias palabras, le está haciendo daño.
Uno de los asuntos que ha querido abordar es la polémica por la difusión de una conversación privada en la que Daniel le pedía 100.000 euros para intentar conseguir la libertad provisional. Bronchalo ha confirmado que fue ella quien grabó las llamadas, una práctica que, según asegura, su hijo conocía y consentía. “Los grabo yo. Siempre las he grabado, él lo sabía. Tenía su permiso para grabar todas las conversaciones por videollamada”, ha explicado.
La madre de Daniel ha revelado también la razón por las que las grababa: “Me gusta tener su voz grabada y todas las cosas que él me cuenta o me solicita, me gusta tenerlo”. Sin embargo, ha negado rotundamente haber sido la responsable de que esos audios llegaran a los medios de comunicación. “No lo sé. Yo desde luego no lo he filtrado”, ha afirmado, antes de revelar que ha decidido acudir a la vía judicial para esclarecer lo ocurrido.
“He puesto una denuncia para averiguarlo y castigar una filtración de una conversación privada que, además, es desde una prisión”, ha señalado. Bronchalo considera que la publicación de esos audios supone una manipulación en su contra y lamenta que Daniel también haya resultado perjudicado por la difusión de una conversación que, insiste, pertenecía a su ámbito privado.
La repercusión de aquella llamada también le ha pasado factura en el plano personal. «Una llamada así de tu hijo a 15.000 kilómetros, cuando sabes que no hay ninguna posibilidad, a mí me deja arrasada», ha reconocido. Aunque asegura que siempre supo que no era posible solicitar una fianza para Daniel, escuchar su desesperación y recibir aquella petición de dinero fue especialmente doloroso para ella.
***En elaboración
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