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Las 10 calas de la Costa Brava que piden a gritos un chapuzón: dónde aparcar, cuándo ir y cuál elegir

August 16, 2026 - farandula
Las 10 calas de la Costa Brava que piden a gritos un chapuzón: dónde aparcar, cuándo ir y cuál elegir


La Costa Brava tiene ese “no sé qué” magnético que nos hace suspirar por ella cada verano. Quizás sea el verde de los pinos contrastando con el azul del Mediterráneo, o esa sensación de descubrir un pequeño tesoro escondido tras caminar por el camino de ronda. Y aunque su fama nos haga creer que en pleno agosto no cabe una toalla más, todavía es posible saborear su esencia más virgen si conoces las coordenadas exactas y las horas clave. Esta selección de calas es pura poesía visual y la hemos aderezado con el consejo definitivo para que tu día de playa sea, sencillamente, insuperable. Crema solar, toalla y ¡a disfrutar!

1. AIGUABLAVA, BEGUR

No es ningún secreto: Aiguablava es la niña bonita de Begur. Esta cala de arena fina y aguas tan transparentes que parecen caribeñas está custodiada desde las alturas por el emblemático Parador de Aiguablava, que se asoma al acantilado como un balcón privilegiado. Rodeada de pinares, lo tiene absolutamente todo para un día redondo: acceso facilísimo, chiringuitos a pie de arena y muchas opciones para los más activos. Sus aguas mansas son el escenario ideal para alquilar un kayak o hacer paddle surf, y además es el punto de partida perfecto para recorrer uno de los tramos más escénicos y bellos del Camí de Ronda.

  • El tip de ¡Hola!: En pleno verano, esta playa está cotizadísima, así que toca madrugar mucho para poner la toalla. ¿El broche de oro perfecto tras el día de mar (o el plan B si llegas tarde)? Subir a la terraza del Parador. No hace falta estar alojado para sentarte a tomar un aperitivo a mediodía o un cóctel al atardecer. Las vistas panorámicas de la bahía desde allí arriba son, sencillamente, de las mejores de toda la Costa Brava. ¡Puro lifestyle mediterráneo!
Cala de Aiguablava, Begur, Girona, Costa Brava© Shutterstock

2. CALA POLA, TOSSA DE MAR

Conducir por la sinuosa carretera que une Tossa de Mar con Sant Feliu de Guíxols ya es un trayecto delicioso: un festival de curvas y miradores al Mediterráneo que, literalmente, quita el hipo. En una de esas bahías, camuflada entre acantilados de vértigo y un frondoso pinar que casi acaricia el mar, espera Cala Pola. Sus escasos 80 metros de arena dorada forman un anfiteatro natural espectacular. Al estar tan resguardada del viento, sus aguas turquesas suelen parecer una piscina de cristal, convirtiéndola en un lugar fabuloso para nadar o explorar los márgenes rocosos con las gafas de bucear.

  • El tip de ¡Hola!: Tienes que dejar el coche en la entrada del camping homónimo y dar un paseo de unos 400 metros de bajada bajo la sombra de los pinos. En ella no te faltará de nada, pues cuenta con chiringuito, duchas… Desde la misma orilla zarpan barquitos con fondo de cristal para explorar las cuevas de la costa desde el agua.
Camino de ronda por el entorno de la playa de Cala Pola, Tossa de Mar, Costa Brava© Shutterstock
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3. ES CASTELL, PALAMÓS

Más que una playa, es un auténtico triunfo del amor por la naturaleza. Los vecinos lucharon con uñas y dientes para salvar del ladrillo esta media luna, y gracias a ello, Es Castell sigue siendo hoy uno de los pocos arenales verdaderamente vírgenes de la Costa Brava. Olvídate de las construcciones; aquí el paisaje se dibuja a base de pinares que casi tocan la arena, campos, masías de época y un mar infinito. Es tanta su magia y su luz que hasta el mismísimo Salvador Dalí o el pintor Josep Maria Sert encontraron en esta zona sus refugios creativos. 

  • El tip de ¡Hola!: En verano se habilita un gran parking de tierra (de pago), a 10 minutos de paseo hasta la arena. Una vez allí, no te quedes solo vuelta y vuelta al sol. En el extremo izquierdo de la playa descubre el poblado ibérico de Sa Corbeta (historia milenaria con vistas al mar) y asómate a la curiosa roca de Sa Foradada.
Cala Foradada y Es Castell, Costa Brava, © Shutterstock

4. CALA JUGADORA, CAP DE CREUS

Bienvenidos al “fin del mundo” en versión ampurdanesa. Pasado el bonito pueblo de Cadaqués, el paisaje del Parque Natural del Cap de Creus se vuelve fascinante, casi lunar, cincelado a golpe de mar y de viento de tramontana. Muy cerquita de su icónico faro (elevado a 87 metros sobre el Mediterráneo) se esconde esta joya salvaje que enamora por sus contrastes: las oscuras rocas de formas caprichosas abrazan unas aguas de un turquesa deslumbrante. Un refugio prístino donde conectar con la naturaleza en su estado más puro.

  • El tip de ¡Hola!: Aquí no hay chiringuitos, hamacas ni asfalto, así que la planificación es clave. El coche se queda en los aparcamientos cercanos a la carretera del faro y, desde allí, toca caminar. Olvida las chanclas hasta pisar la orilla: ponte calzado deportivo porque el sendero de bajada es abrupto y de piedra suelta. Llévate buena provisión de agua, algo de picar y las gafas de bucear. Gracias a su orografía, suele estar muy resguardada del viento, convirtiendo sus aguas en una balsa ideal para explorar el fondo marino.
Cala Jugadora, Costa Brava, Girona© Shutterstock

5. ILLA ROJA, BEGUR

Su nombre le hace verdadera justicia: el cálido tono tostado de su arena y la inmensa mole de roca rojiza que emerge en mitad de la orilla la han convertido en una de las playas más fotogénicas y deseadas de Cataluña. Flanqueada por un imponente acantilado de piedra que le otorga un aire de aislamiento y misterio, sus 100 metros de longitud son un paraíso de aguas tan cristalinas que parecen irreales. 

  • El tip de ¡Hola!: Históricamente, Illa Roja es una cala de tradición nudista, pionera en la zona, aunque hoy en día conviven todo tipo de bañistas. Su acceso, exclusivamente a pie, es su mejor escudo contra las masificaciones. La forma más bonita y cómoda de llegar es recorriendo el precioso tramo del Camí de Ronda que parte desde la vecina playa del Racó (en Pals) y descender por unas empinadas escaleras. Imprescindible meter en el capazo tu equipo de esnórquel para nadar alrededor de la gran roca rojiza.
illa Roja, Begur, Costa Brava© Shutterstock
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6. CALA RUSTELLA, ROSES

Conducir por la carretera que serpentea desde Roses hasta Montjoi es ir abriendo boca para lo que te espera: un festín de vistas panorámicas y calas vírgenes de belleza salvaje. Entre ellas, Rustella es una verdadera joya paradisíaca. A tan solo 8 kilómetros del bullicio de Roses, esta media luna de 110 metros de longitud recibe con un abrazo verde de pinos que descienden casi hasta acariciar el agua. Es el refugio idílico para perder la noción del tiempo, escuchar el vaivén de las olas y dejar que la brisa mediterránea haga el resto.

  • El tip de ¡Hola!: Para conquistar este pedacito de cielo tendrás que caminar unos 200 metros por un sendero de tierra, así que deja las cuñas en casa y baja con calzado cómodo. Su fondo marino, tapizado de rocas y exuberantes praderas de posidonia oceánica, es un auténtico acuario natural. Por tanto, el accesorio indispensable en tu capazo son, sin lugar a dudas, unas buenas gafas de esnórquel para alucinar con la vida submarina local.
Cala Rustella, Costa Brava,© Shutterstock
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7. CALA SENYOR RAMON, SANT FELIU DE GUÍXOLS

Presume, con toda la razón del mundo, de colarse en el ‘top’ absoluto de las mejores playas de Cataluña y, en cuanto se pisa su arena, se entiende el porqué: más que una calita íntima, la cala Senyor Ramon es un “playazo” en toda regla, un impresionante arenal de 800 metros de longitud enmarcado por acantilados que se abre majestuoso al mar entre Tossa de Mar y Sant Feliu de Guíxols. 

  • El tip de ¡Hola!: Su gran amplitud es el antídoto perfecto contra el estrés de las playas masificadas; aquí no tendrás que esquivar sombrillas vecinas. Aunque invita a la siesta al sol, sus fondos marinos tienen una fama de acreditada excelencia en todo el Baix Empordà, por lo que es un escenario inmejorable para bucear. En cuanto a la logística, aunque puedes dejar el coche arriba en la carretera de forma gratuita y bajar caminando (el desnivel es considerable), la opción más práctica es pagar la tarifa del parking de la finca privada que permite aparcar casi a pie de arena.
Cala Senyor Ramon, Costa Brava© Shutterstock

8. SA BOADELLA, LLORET DE MAR

Lloret de Mar guarda un exquisito as en la manga para huir del bullicio y encontrar un remanso de paz mediterránea. Escondida estratégicamente entre la majestuosidad romántica de los jardines de Santa Clotilde y la playa de Santa Cristina, se encuentra Sa Boadella, la única cala que se conserva verdaderamente virgen en este tramo del litoral. Llegar a ella es parte de la experiencia: un agradable y perfumado camino a través del pinar te guiará hasta este impresionante anfiteatro natural de arena dorada y aguas de una cristalinidad asombrosa. 

  • El tip de ¡Hola!: Su belleza no se limita al paisaje exterior; su fondo marino es muy poco profundo, pero está caprichosamente salpicado de rocas, grutas y pequeñas cuevas naturales para explorar con gafas de esnórquel o bordeando los recovecos de la costa en kayak. Posee una zona de tradición nudista en uno de sus extremos.
Cala Sa Boadella, Costa brava© Shutterstock
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9. SANT FRANCESC, BLANES

Blanes puede presumir de tener 4 kilómetros de litoral para absolutamente todos los gustos, pero si hay un lugar que roba corazones a primera vista, es la cala de Sant Francesc. No es casualidad que los locales la hayan bautizado cariñosamente como “Cala Bona”; este rincón de arena fina y dorada es todo un símbolo. Y es que, flanqueada por pinos que se asoman al Mediterráneo, marca el punto exacto donde empieza a dibujarse, oficialmente, la Costa Brava.

  • El tip de ¡Hola!: Al ser una cala semiurbana, es tu opción ideal si buscas la comodidad de tener buenos servicios a mano sin renunciar a la belleza del entorno natural. El plan perfecto consiste en pasar la mañana tomando el sol y, cuando apriete el calor del mediodía, subir a pasear por el cercano y espectacular Jardín Botánico Marimurtra.
Cala Sant Francesc, Costa Brava, Blanes© Shutterstock

10. AIGUA XEL.LIDA, TAMARIU

El municipio de Palafrugell esconde su auténtica alma marinera en pequeñas pedanías litorales que son un verdadero caramelo. Pegadita al pintoresco pueblito de Tamariu, te toparás con Aigua Xel.lida. Este arenal diminuto, rodeado de naturaleza salvaje y abrazado protectoramente por la punta des Banc y la de Esguard, cuenta con apenas 25 metros de longitud. Es un escondite tan íntimo, recóndito y especial que, al sumergirte en sus aguas, sentirás el inmenso privilegio de estar nadando en tu propia cala privada.

  • El tip de ¡Hola!: Su tamaño “mini” es indudablemente su mayor encanto, pero esto también significa que el aforo es ultralimitado. Si quieres tener este pedacito de paraíso (casi) para ti solo, toca poner el despertador pronto: ve a primera hora de la mañana para asegurarte tu trocito de arena y disfrutar del sonido del mar casi en soledad. Haznos caso, ¡esa paz absoluta no tiene precio!
Playa de Tamariu, Costa Brava, Girona© Shutterstock
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