La Corte Real de Tailandia, una de las dinastías más herméticas del mundo, atraviesa uno de los periodos más delicados de su historia reciente. Tras la muerte de la Reina Madre el pasado mes de octubre, la atención se ha centrado una vez más en Princesa Bajrakitiyabhala hija mayor de Rey Maha Vajiralongkorn (Rama X), que permanece en coma desde hace tres años.
El último informe médico ha intensificado las preocupaciones. A pesar del apoyo pulmonar y renal, los antibióticos y los medicamentos diseñados para estabilizar su presión arterial y su frecuencia cardíaca, su condición ha empeorado debido a una infección grave y descontrolada que afecta a varios órganos vitales. Mientras tanto, el equipo médico continúa brindando un tratamiento integral y un seguimiento constante.
Fue en diciembre de 2022 cuando la entonces heredera de facto al trono tailandés sufrió un infarto mientras paseaba a sus perros en el Parque Nacional Khao Yai, situado a más de dos horas de una de las residencias principales de la Familia Real. En ese momento comenzaron a surgir rumores sobre la posible muerte de la princesa.
Sin embargo, la propia Audiencia Real se encargó de desmentir esos informes, anunciando que la princesa había sufrido una grave afección cardíaca. Por este motivo, fue trasladada en helicóptero a Bangkok, donde parecía estar “hasta cierto punto estable”, como confirmaron entonces fuentes oficiales.
Sin embargo, tras más de tres años en coma, la Corte Real ha emitido un nuevo comunicado actualizando el estado de salud de la princesa, revelando la creciente preocupación entre los miembros de la Familia Real y quienes siguen de cerca el día a día de la institución.
“El equipo médico que trata a Su Alteza Real ha informado además que, desde abril de 2026, han detectado una infección en el abdomen resultante de la inflamación del intestino grueso. Esto ha provocado condiciones inestables, como presión arterial baja, latidos cardíacos irregulares y coagulación sanguínea anormal”, explicaron fuentes oficiales, añadiendo una nueva capa de preocupación al delicado estado de salud de la princesa, cuyo pronóstico empeora con el tiempo.
“A pesar del apoyo continuo a la función pulmonar y renal, diversos antibióticos y medicamentos para aumentar la presión arterial y controlar el ritmo cardíaco, el estado de Su Alteza Real ha empeorado, lo que indica una infección grave y descontrolada que está alterando la función de varios órganos vitales”, destaca también el comunicado, confirmando que el equipo médico “continúa brindando un tratamiento integral y está siguiendo de cerca el estado de la princesa”.
Con el tiempo, la Corte Real de Tailandia ha ido informando progresivamente sobre la evolución de la salud de la princesa de 47 años. Sin embargo, fue entre 2023 y 2024 cuando la situación empezó a cambiar, momento en el que la dinastía Chakri redujo considerablemente las actualizaciones relacionadas con la princesa. Sin embargo, en 2025, y a pesar de los constantes rumores sobre su estado, la Oficina de la Casa Real volvió a desmentir las especulaciones, al tiempo que confirmó que la salud de la princesa seguía deteriorándose.
Según explicaron entonces, los médicos habían detectado una grave infección sanguínea, además de otras complicaciones que hoy se manifiestan como un empeoramiento prolongado de su delicado estado de salud.
Su personalidad y accesibilidad eran tales que muchos llegaron a considerar a la princesa Bajrakitiyabha como una auténtica figura de continuidad dentro de la Casa Chakri e incluso como una potencial reina digna de suceder en el trono tailandés. Esta profunda implicación institucional, combinada con su sólida formación diplomática, ahora se ve eclipsada por la incertidumbre que rodea a su frágil salud.
En medio de una compleja línea sucesoria, marcada por la exclusión de varios hijos del actual monarca y las dudas existentes en torno al heredero varón, Bajrakitiyabha fue considerado durante años por gran parte de la población como el heredero de facto al trono. Tanto es así que su creciente influencia dentro de la institución incluso abrió un debate sobre una posible modificación de las leyes de sucesión para permitir que una mujer ascendiera algún día al trono tailandés. Sin embargo, la grave enfermedad cardíaca que sufrió hace tres años frenó cualquier posibilidad de cambio en el seno de la Corona, dejando una vez más en el aire el futuro de la monarquía.
A pesar del peso de la tradición masculina dentro de la monarquía tailandesa, la princesa Bajrakitiyabha siempre destacó por su sólida formación académica, centrada principalmente en el derecho y las relaciones internacionales, y destinada a proyectar la imagen de Tailandia al resto del mundo. La hija mayor del rey Maha Vajiralongkorn se graduó en derecho en la Universidad de Thammasat y en relaciones internacionales en la Universidad Abierta de Sukhothai Thammathirat, ambas en Tailandia. Más tarde amplió esta formación académica en los Estados Unidos, donde obtuvo una maestría en derecho y un doctorado, lo que finalmente la estableció como una de las mujeres más educadas y respetadas dentro de la Corte Real tailandesa.
Sin embargo, todo esto ahora está en manos de un destino tan incierto como impredecible, que deja en juego el futuro de la monarquía tailandesa y una línea sucesoria aún desconocida. A sus 71 años, Rama X no ha nombrado públicamente a un sucesor, lo que alimenta dudas sobre el futuro de la Corona. En las últimas semanas, el nombre de su hijo, el príncipe Dipangkorn Rasmijoti, también ha comenzado a circular ampliamente, aunque su juventud y sus problemas de salud podrían jugar en su contra.
Por ahora, la última palabra la tiene únicamente el monarca. Es por eso que, mientras persista esta situación, la figura de la princesa Bajrakitiyabha permanecerá suspendida entre la esperanza y la incertidumbre, poniendo en pausa no sólo el futuro de su vida, sino también parte del destino de una de las monarquías más herméticas del mundo.
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