Hay noches tan duras que se quedan grabadas para siempre en la memoria y son capaces de cambiar una vida. La de este viernes ha sido, sin duda, la más dolorosa para Haakon de Noruega. Cuando el resto de la familia fue abandonando poco a poco el Rikshospitalet de Oslo, él decidió quedarse. Allí permaneció durante toda la madrugada junto a su padre, el rey Harald, cuyo estado había empeorado drásticamente en las últimas horas. A las 6:35 de la mañana, el monarca fallecía en paz a los 89 años. Haakon perdía a su padre y, en ese mismo instante, se convertía en el nuevo rey de Noruega.
La Casa Real comunicaba poco después la noticia que el país llevaba horas temiendo: “Con profunda tristeza anunciamos que Su Majestad el Rey Harald falleció en paz en el Hospital Nacional el viernes 28 de agosto a las 6:35 de la mañana”. Se ponía así fin a 35 años de reinado y comenzaba automáticamente una nueva etapa para la monarquía noruega.
Las horas anteriores al fallecimiento permiten reconstruir una última noche especialmente dura para el hasta ahora príncipe heredero. Durante el jueves, prácticamente toda la familia había acudido al hospital después de que Palacio comunicara por la mañana que el estado de Harald se había agravado y era “muy grave”.
La reina Sonia permaneció cerca de diez horas en el centro sanitario antes de abandonarlo alrededor de las 19:26. Apenas unos minutos después, Haakon y Mette-Marit regresaban juntos al Rikshospitalet, al que llegaron sobre las 19:40 después de haber pasado unas horas en su residencia de Skaugum.
Pero tampoco Mette-Marit se quedó durante la noche. Poco después de las 22:00, la princesa abandonó sola el hospital y regresó a Skaugum. Haakon no iba con ella. Las horas fueron pasando sin que se le viera abandonar el centro sanitario. Era el miembro de la familia que permanecía allí junto a Harald.
Una guardia que terminó a las 6:35 de la mañana con la muerte del Rey.
La madrugada ha tenido además una enorme carga emocional e institucional para Haakon. Llegó al hospital como príncipe heredero para acompañar a su padre y, tras su muerte, se convirtió automáticamente en rey de Noruega.
La monarquía noruega no deja vacante la jefatura del Estado. En el mismo instante en que fallece el soberano, su heredero ocupa el trono. Haakon, de 53 años, deberá ahora reunirse con el Gobierno en un Consejo de Estado extraordinario en el Palacio Real, donde se comunicará formalmente el fallecimiento de Harald y comenzarán los primeros actos de su reinado.
Será entonces cuando se conozca también el nombre con el que Haakon reinará, mientras Noruega inicia oficialmente el duelo por el monarca que ocupó el trono desde 1991.
*Noticia en elaboración
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