El regreso del Papa León XIV al Vaticano tras su histórica visita de siete días a España se vio interrumpido por un inusual incidente aéreo. Un fallo técnico a bordo del Airbus A320 de Iberia que lo llevaría de Tenerife a Roma obligó a los funcionarios a cancelar el despegue cuando el pontífice ya había abordado, lo que provocó horas de retrasos y un cambio inesperado de planes.
El incidente se produjo en el aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna, donde el Santo Padre concluía sus últimos compromisos antes de regresar a Roma. Durante los procedimientos previos al vuelo, los miembros de la tripulación detectaron un problema técnico que impidió la salida de la aeronave. Como medida de precaución, se detuvo la operación y se pidió a todos los pasajeros, incluido el Papa, que desembarcaran.
Mientras los técnicos de Iberia trabajaban para diagnosticar y solucionar el problema, León XIV esperaba en la sala VIP del aeropuerto junto al rey Felipe VI, que había acudido personalmente a despedirlo. Según el comandante del vuelo, el mal funcionamiento pudo haber estado relacionado con las condiciones del viento local, pero inspecciones posteriores descartaron una solución inmediata y plantearon la posibilidad de un retraso prolongado.
Como se esperaba que las reparaciones duraran varias horas más, los funcionarios actuaron rápidamente para encontrar una alternativa. En un gesto excepcional, el rey Felipe VI ofreció el avión oficial Falcon del Ejército Aeroespacial Español para transportar al Papa y a una pequeña delegación de regreso a Roma, asegurando que el pontífice pudiera continuar su viaje sin pasar la noche en Tenerife.
Posteriormente se envió un segundo avión Falcon a la isla para devolver al Rey a la España continental, lo que permitió que ambos viajes continuaran a pesar de la interrupción.
La salida revisada se organizó rápidamente y sin la ceremonia habitual. Poco antes de las 19.00 horas, hora local, el Papa León XIV abordó el Falcon y partió hacia Roma. El vuelo se desarrolló sin incidentes y se esperaba que durara aproximadamente cuatro horas.
Debido al retraso, se canceló la tradicional conferencia de prensa a bordo que los papas suelen realizar durante sus viajes internacionales.
El Rey Felipe VI, que había actuado como gentil anfitrión durante toda la visita del Papa, marcó la despedida con un gesto especialmente emotivo. Después de despedirse, se llevó la mano al corazón mientras León XIV subía las escaleras del avión. El gesto captó la calidez de su despedida y sirvió como cierre apropiado para una visita que resonó mucho más allá de las fronteras de España.
Aunque es muy inusual en el contexto de los viajes papales, el episodio sirvió como recordatorio de la importancia inflexible de los protocolos de seguridad aérea, incluso cuando está involucrado uno de los líderes más destacados del mundo. A pesar de la interrupción, el Papa León XIV regresó sano y salvo al Vaticano esa misma noche, poniendo fin a un viaje definido por mensajes de bienvenida, inclusión social y solidaridad con las comunidades más vulnerables de la sociedad.
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