Ganó la primera medalla de oro que un español lograba en unos Juegos Olímpicos de Invierno, un campeonato mundial y reconocimientos como la Real Orden del Mérito Deportivo, pero Paco Fernández-Ochoa consideraba que lo realmente importante era su familia. O mejor dicho, su supernumerosa familia. Desde sus padres y sus siete hermanos, con los que creció entre nieve en Cercedilla sin imaginar que aquello iba a llevarlos a la élite del deporte, a su mujer, Chus Vargas, y los tres hijos que tuvo a su lado, Bárbara, Paula y Fran. Ellos, que fueron su inspiración, su brújula, su mayor orgullo y un apoyo fundamental hasta el final, comparten con ¡HOLA! las fotos más importantes de su álbum personal para recordarle en el 20.º aniversario de su muerte.
SU SEÑA DE IDENTIDAD
La sonrisa era una de las señas de identidad de Paco Fernández-Ochoa y la mantuvo hasta el final. Afrontó la enfermedad con entereza y mucho optimismo, dando una vez más una lección de vida que inspira a toda su familia. En esta imagen le vemos en uno de los días más importantes, su boda.
Desde que fue padre, cambió las jornadas de esquí en solitario por esquí en grupo y desscendía las pistas con sus hijos en un portabebés, como un auténtico papá canguro. En la imagen, con su hija Bárbara en 1975
Cercedilla se volcó en homenajear a su querido vecino Paco en un acto multitudinario que contó con la presencia de las infantas Elena y Cristina, quienes se emocionaron con su discurso y en el momento en el que descubrieron la escultura de bronce que dedicaron al deportista.. “No hay nada mejor que esta recompensa. Yo siempre he hecho lo que me pedía el corazón. No voy a decir en mi pueblo nada que no se sepa. No atravieso un buen momento físico, pero todavía me queda fuelle para manifestar mi sensación de gratitud, cariño y afecto que nos unirá de por vida”, dijo
Paco, junto a miembros del equipo Nacional de esquí, como Antonio Campañá y Aurelio García. Una pequeña muestra de las grandes amistades que hizo en su profesión
Paco era el mayor de los ocho hijos de Francisco, gerente de la escuela española de esquí, y Dolores, cocinera del edificio. Al crecer en el Puerto de Navacerrada, la nieve era un juego para todos los hermanos, que acabaron convirtiéndose en referentes del esquí
Sin dejar de lado su compromiso con el esquí, para Paco la prioridad era la familia y ser un padre presente para sus tres hijos. En esta simpática imagen aparece jugando con Fran, el pequeño, en 1983 en Cercedilla
Cuando Paco Fernández-Ochoa murió, el rey Felipe lo definió como “una gran figura, un gran amigo y un ejemplo para todos”. Esos lazos empezaron a forjarse cuando el entonces príncipe era solo un niño que compartía jornadas de esquí con Paquito. Sobre estas líneas, les vemos en el recibimiento que la Familia Real hizo al esquiador tras su victoria en Sapporo
La nieve era su hábitat y se esforzó para que sus hijos lo viesen de la misma manera desde niños. Sobre estas líneas le vemos en la montaña con su mujer y su hija mayor, Bárbara
Los reyes Juan Carlos y Sofía disfrutaron de muchas jornadas de esquí con Paco, al que estaban unidos por lazos de amistad. En la imagen, en la que también aparece Miguel Arias, aparecen en Courchevel
El esquiador era una auténtica caja de sorpresas que se atrevía con todo. Y es que su afición al toreo incluso le llevó a coger el capote en ocasiones como la que vemos en esta imagen tomada en un festival taurino de Cercedilla
Hay imágenes capaces de transmitir una alegría infinita, como esta en la que Paquito acaba de finalizar su prueba en Sapporo, esa que le llevó a convertirse en el rey del eslalon
Paula con su padre durante una carrera popular en Cercedilla. Quién le iba a decir a aquella niña que años después iba a ser utralfondista y a completar elMarathon des Sables (250 km) y la Everest Trail Race
Eran hermanos, compañeros de profesión y también amigos. Paco adoraba a Blanca y Blanca adoraba a Paco. Además, ambos tenían un gran carisma que les llevó a convertirse en dos de los deportistas más queridos de España
¡HOLA! ha sido testigo de los grandes acontecimientos mundiales, como la victoria de Paco Fernández-Ochoa en el Mundial de Sapporo, una hazaña que ocupó la portada de nuestra revista
Impresionante recibimiento a Paco Fernández-Ochoa en Cercedilla tras el oro de Sapporo, una medalla que todos en la localidad vivieron como propia por el gran cariño que tenían al esquiador
La infancia de los tres hijos de Paco fue feliz, muy feliz. Crecieron dando importancia al esfuerzo y sin ser del todo conscientes de la magnitud de lo que significaba su padre para España, En la imagen vemos a los cinco en su de Cercedilla, en 1987
La boda de Paco y Chus, celebrada el 26 de septiembre de 1973, se celebró en la Iglesia en el Valle de los Caídos y al salir les esperaba una gran sorpresa: un emotivo pasillo con bastones de esquí
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