La familia Kennedy vuelve a estar de luto. Kyle Francis Kennedy, nieta de Robert F. Kennedy y sobrina nieta del expresidente estadounidense John F. Kennedy, ha fallecido a los 42 años, una pérdida que se suma a la larga lista de tragedias que han marcado la historia de una de las dinastías más conocidas de Estados Unidos. La educadora y defensora de los derechos de las personas con discapacidad murió el pasado 21 de septiembre en su casa de Westwood, Massachusetts, aunque su fallecimiento no trascendió hasta el 20 de octubre. La causa de la muerte no se ha hecho pública y, según informaciones difundidas en Estados Unidos, continúa pendiente de determinar.
Su historia personal también estuvo marcada por el dolor. En 1997, cuando tenía solo 13 años, perdió a su padre, Michael Kennedy, que murió a los 39 años en un accidente de esquí. Años después, Kyle tuvo que afrontar la muerte de su hija Josie, fallecida pocos días después de nacer. En 2020 sufrió una grave lesión medular que le provocó una parálisis de larga duración y la llevó a implicarse en la defensa de las personas con discapacidad. Deja dos hijos, Conor y Declan.
Su fallecimiento vuelve a recordar las numerosas pérdidas que han golpeado a distintas generaciones de los Kennedy, desde los accidentes que acabaron con la vida de jóvenes miembros de la familia hasta los asesinatos de dos de sus figuras políticas más destacadas.
El 22 de noviembre de 1963, John Fitzgerald Kennedy fue asesinado en Dallas mientras recorría la ciudad en un coche descubierto junto a su esposa, Jacqueline Kennedy. Tenía 46 años y era el presidente número 35 de Estados Unidos. Su muerte conmocionó al país y dejó una huella imborrable en la historia política contemporánea.
Cinco años después, la tragedia volvió a golpear a la familia. Su hermano Robert F. Kennedy, que había sido fiscal general y aspiraba a la presidencia, fue tiroteado en Los Ángeles el 5 de junio de 1968, después de ganar las primarias demócratas de California. Murió al día siguiente, a los 42 años, dejando diez hijos y a su esposa, Ethel Kennedy, embarazada del undécimo.
Ambos asesinatos se convirtieron en dos de los episodios más traumáticos de la historia política estadounidense y condicionaron para siempre la vida de sus familiares.
Las tragedias de la familia comenzaron incluso antes de que John F. Kennedy llegara a la Casa Blanca. En 1944, Joseph P. Kennedy Jr., el primogénito de Joseph y Rose Kennedy, murió a los 29 años durante una misión militar secreta en la Segunda Guerra Mundial. El avión cargado de explosivos que pilotaba detonó antes de alcanzar su objetivo en Europa.
Cuatro años después, Kathleen «Kick» Kennedy, hermana de John y Robert, falleció a los 28 años en otro accidente aéreo. El avión en el que viajaba junto a su pareja, el aristócrata británico Peter Wentworth-Fitzwilliam, se estrelló en Francia cuando se dirigían hacia la Riviera francesa. La joven, conocida por su personalidad independiente, era una de las figuras más carismáticas de su generación dentro de la familia.
En 1984, David Kennedy, cuarto hijo de Robert y Ethel, murió a los 28 años por una sobredosis. Su fallecimiento llegó después de años marcados por problemas de adicción y por el impacto emocional que había tenido en él el asesinato de su padre. En diciembre de 1997, Michael Kennedy, padre de Kyle, murió a los 39 años tras sufrir un accidente mientras esquiaba en Aspen, Colorado. Su muerte dejó a sus hijos todavía pequeños y supuso otro duro golpe para Ethel Kennedy.
En julio de 1999, John F. Kennedy Jr., hijo del expresidente, falleció a los 38 años al estrellarse la avioneta que pilotaba cerca de Martha’s Vineyard. En el accidente también murieron su esposa, Carolyn Bessette, de 33 años, y la hermana de esta, Lauren Bessette. La noticia conmocionó a Estados Unidos y reavivó el interés por las tragedias que habían acompañado a la familia durante décadas.
En agosto de 2019, Saoirse Kennedy Hill, nieta de Robert y Ethel Kennedy, murió a los 22 años en el complejo familiar de Hyannis Port, Massachusetts. La causa de la muerte fue una sobredosis accidental, según las autoridades. En 2020, Maeve Kennedy McKean, otra nieta de Robert F. Kennedy, y su hijo Gideon, de ocho años, desaparecieron mientras navegaban en una canoa en la bahía de Chesapeake. Sus cuerpos fueron recuperados días después. Maeve tenía 40 años.
Más recientemente, la familia sufrió la muerte de Tatiana Schlossberg, hija de Caroline Kennedy y nieta del expresidente, fallecida a los 35 años tras padecer leucemia. Su pérdida, seguida ahora por la de Kyle a los 42, vuelve a situar en primer plano la historia de una familia cuyo legado público convive con un largo historial de duelos.
A lo largo de las décadas, muchas han sido las voces que han recurrido a la expresión “maldición Kennedy” para describir esta sucesión de tragedias. Más allá de esa etiqueta, las historias de sus protagonistas dibujan el retrato de varias generaciones que han tenido que afrontar pérdidas personales profundas bajo la mirada de la opinión pública.
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