Bern Donadeu, diseñador industrial: “La verdadera prueba de una casa no es la fotografía, es la vida. Eso no significa renunciar a la belleza; al contrario”
Diseñar una vivienda pensando en la fotografía final es una tentación habitual. Sin embargo, una casa se pone a prueba en la vida cotidiana (un miércoles cualquiera a las siete de la tarde, con alguien cocinando, un hijo haciendo deberes, otro jugando, una videollamada en marcha y ropa esperando entrar en la lavadora).
Este reportaje parte de esa idea esencial: las viviendas deben diseñarse para funcionar cuando se viven, no cuando se posan. Nos lo detalla Bern Donadeu, cofundador y director de visión de NACAR Design (nacardesign.com), quien lo resume así: “La verdadera prueba de una casa no es la fotografía, es la vida. Eso no significa renunciar a la belleza; al contrario, es importantísima, pero la mejor belleza aparece cuando forma y función dejan de competir y empiezan a trabajar juntas”. A partir de aquí, recorremos las claves que permiten que un hogar sea práctico, bello y, sobre todo, coherente con la vida que sucede dentro.
Bern propone un ejercicio sencillo pero revelador: antes de comprar muebles, reorganizar espacios o iniciar una reforma, conviene observar durante unos días cómo usamos realmente la vivienda. Ese análisis permite detectar patrones que pasan desapercibidos: dónde dejamos las cosas al llegar, en qué asiento nos sentamos de manera natural, qué rincones nunca utilizamos, dónde falta luz, dónde se acumulan objetos o qué movimientos repetimos 20 veces al día.
A partir de esas pistas, pueden surgir mejoras muy eficaces sin necesidad de obras: mover un mueble para recuperar una circulación, añadir almacenaje justo donde aparece el desorden, crear una escena de iluminación más cálida, incorporar vegetación para suavizar el ambiente, liberar superficies o incluso descartar objetos para ganar sensación de calma.
En la propuesta, un comedor arty diseñado por la interiorista Susana de Villa en el que se demuestra cómo la iluminación, el orden visual y una selección precisa de piezas pueden transformar por completo la experiencia de un espacio, haciéndolo más funcional y acogedor sin recurrir a grandes intervenciones.
Las fricciones invisibles que arruinan una vivienda
Bern entiende que una vivienda cómoda no es la más grande ni la más bonita, sino aquella donde las cosas suceden de manera natural: cocinar mientras conversas, trabajar sin sentirte en una oficina de empresa, descansar sin estímulos innecesarios o encontrar intimidad cuando la necesitas. Las pequeñas fricciones (una puerta que interrumpe constantemente el paso, una luz que deslumbra, un enchufe imposible de alcanzar) condicionan nuestra relación con el hogar mucho más de lo que pensamos. El diseñador industrial y estratega de diseño resume así el confort: “tiene mucho más que ver con cómo vivimos que con cómo fotografiamos una casa”.
Esta zona de día es un proyecto de reforma que firma el arquitecto e interiorista Patricio Ballesty, fundador del estudio Vísteme de espacio. La alfombra ayuda a organizar el salón en torno a un área de estar, mientras que al fondo, junto al comedor, se integra un pequeño despacho doméstico. A pesar de albergar usos distintos, el espacio fluye sin tensiones.
Los espacios no son neutros: influyen en cómo nos sentimos
En NACAR Design trabajan desde la investigación: observar, entender comportamientos, necesidades, emociones y contextos antes de diseñar. Bern lo explica con claridad: “Los espacios no son neutros. La luz, el sonido, las proporciones, los materiales… afectan a cómo nos sentimos y nos comportamos”.
La neuroarquitectura comparte esta misma concepción, aportando evidencia científica sin caer en recetas simplistas. La habitación infantil diseñada por NeuronaLab ejemplifica cómo un entorno puede favorecer autonomía, calma y bienestar.
Las funciones rígidas ya no describen cómo vivimos
Durante décadas hemos dividido la casa compartimentada, pero nuestras vidas son más fluidas y los hogares deben ser más felxibles. Eso explica que la cocina se ha convertido en un espacio social y de convivencia. En proyectos con Siemens, Bern observa que el futuro de la cocina no va solo de electrodomésticos, sino de rituales, integración y tecnología invisible.
“A veces, unos pocos metros bien conectados funcionan mejor que una vivienda grande pero fragmentada”, explica Bern.
Una buena casa acompaña nuestros hábitos. Si siempre dejamos una silla para apoyar cosas, falta una superficie; si el móvil se carga con un cable atravesando la habitación, el enchufe está mal situado; si una habitación no se usa, su función no encaja con la vida real. “Como diseñador, estas pequeñas ’anomalías’ me parecen interesantísimas porque muchas veces las personas están rediseñando inconscientemente aquello que nosotros diseñamos mal”, detalla el cofundador de NACAR Design.
El proyecto ‘ShowPass’, de Energiehaus, muestra cómo la domótica puede adaptarse a las rutinas sin exigir control constante.
Las viviendas duran décadas, pero nuestras vidas cambian constantemente. Bern lo explica así: “Una vivienda verdaderamente sostenible debería ser también adaptable en el tiempo”. Aunque no podamos predecir exactamente cómo viviremos dentro de 20 años, el objetivo debe ser diseñar viviendas suficientemente flexibles para permitir aquello que todavía no conocemos.
En una vivienda necesitamos espacios de encuentro, pero también espacios de intimidad. La convivencia no debería traducirse en estar todos en el mismo lugar, sino en disponer de zonas que permitan compartir y, al mismo tiempo, retirarse cuando cada uno lo necesita.
Bern recuerda que cada persona construye su propio territorio dentro del hogar, y que esto es especialmente importante durante la adolescencia, cuando la habitación se convierte en uno de los primeros espacios sobre los que tienen capacidad real de decisión. A los adultos quizá no siempre les guste cómo lo organizan, qué colocan en las paredes o cómo utilizan ese espacio, pero esa apropiación forma parte de su desarrollo y de su identidad.
El diseño centrado en las personas implica aceptar que el usuario puede emplear un espacio de una manera distinta a la prevista, y que eso no significa necesariamente que lo esté usando mal: a veces revela que el diseño ha aprendido algo nuevo sobre quien lo habita.
Este salón es buena muestra de ello. El proyecto, firmado por Alfons Tost, combina un área de reunión con un rincón íntimo al fondo, configurado para leer, descansar o disfrutar en solitario. La distribución permite que la familia comparta momentos sin renunciar a la autonomía individual, demostrando cómo un mismo ambiente puede responder a necesidades distintas sin perder coherencia.
Una buena distribución puede fallar por culpa de un mal mueble, y una arquitectura sencilla puede volverse versátil con mobiliario bien elegido. “Veremos cada vez más piezas que se transforman, se desplazan o cuentan con almacenaje oculto”, augura Bern.
El banco tapizado ‘Kappel’ con espacio para guardar, de JYSK, ejemplifica cómo un mueble puede crear un rincón acogedor y práctico sin ocupar espacio de más.
Las redes sociales han democratizado el acceso al diseño, pero también han creado una estética homogénea: los mismos materiales, cocinas, colores neutros, lámparas y sofás. Bern lo relaciona con el concepto Age of Average, donde diseñamos buscando la aprobación del algoritmo. El experto reivindica que “una casa debería contar algo de quienes viven en ella, incluso si eso implica contradicciones u objetos que no ‘combinan’ en una fotografía”.
¿Puede una vivienda deslumbrar y, aun así, no acompañar a quienes la habitan?
El punto de partida del diseño debería ser observar cómo vive una familia. Antes que preguntar qué estilo decorativo de cocina prefieren, importa entender cómo cocinan; antes que elegir un sofá, conviene saber qué sucede realmente en su salón. Las decisiones acertadas nacen de comprender rutinas, hábitos, ritmos y pequeñas necesidades que, sumadas, definen la vida doméstica.
Cuando el diseño se apoya en esa observación, la vivienda deja de ser una composición pensada para una fotografía y se convierte en un espacio que acompaña, facilita y acoge. La belleza no desaparece; al contrario, surge de la funcionalidad bien resuelta, de la luz que favorece el bienestar, de las proporciones que permiten moverse con naturalidad, de los materiales que invitan a quedarse.
Los baños para compartir con dos lavabos (modelo ‘Dinan’, de Bathco) son solo un ejemplo de cómo una solución práctica puede mejorar la convivencia diaria permitiendo que dos personas utilicen el espacio a la vez sin turnos, algo especialmente útil en las rutinas de mañana.
Bern lo resume con claridad: “Nuestro trabajo no consiste en decirle a las personas cómo deberían vivir. Consiste en observarlas suficientemente bien para crear soluciones que les permitan vivir mejor y a su manera”. Y quizá ahí esté la clave: la vivienda más bella es aquella que, además, funciona.
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