Se ha convertido en una tendencia creciente entre los adolescentes y en una fuente de preocupación para muchos padres. Conocidos popularmente como therians, algunos adolescentes han comenzado a compartir contenido en línea en el que revelan que se identifican profundamente con los animales, a veces usando máscaras de animales, caminando a cuatro patas e imitando el comportamiento animal.
“No estamos hablando de un trastorno per se”, dice Amaya Pradopsicóloga educativa y clínica infantil y colegiada del Colegio de Psicología de Madrid. Según Prado, este fenómeno se entiende mejor como parte del desarrollo de la identidad adolescente.
“Creo que es una forma de buscar una identidad compartida o simbólica, conectando con los rasgos emocionales o espirituales que asocian con un animal en particular”, dice.
La psicología del desarrollo considera la adolescencia como una etapa crítica para la formación de la identidad. Durante estos años, los adolescentes suelen buscar diferenciarse de sus padres y figuras de autoridad.
“En ese sentido, identificarse como therian puede cumplir varias funciones psicológicas”, continúa Prado. Los adolescentes frecuentemente experimentan con diferentes identidades mientras intentan comprender quiénes son.
La pertenencia también juega un papel importante. Prado compara a los therians con subculturas juveniles como los otakus, jóvenes fanáticos de la cultura japonesa que se visten como personajes de manga o anime. Estas comunidades ofrecen validación y comprensión.
“Buscan espacios donde se sientan vistos, donde no sean los únicos ‘diferentes’”, afirma. “Sentirse validado a esta edad es extremadamente importante”.
Así como las generaciones anteriores formaron grupos o subculturas punk definidas por la vestimenta y la estética compartida, los adolescentes de hoy pueden usar identidades animales para expresar rasgos con los que se conectan y valoran, como la libertad, la protección, la fuerza o la sensibilidad.
Para algunos, las etiquetas y el comportamiento therian pueden parecer llamativos o incluso alarmantes. Prado reconoce que en algunos casos puede serlo, sobre todo si un niño se siente invalidado en casa o en la escuela. Ella deja en claro que la mayoría de los casos reflejan una exploración de identidad, a menudo influenciada por las redes sociales y las comunidades en línea.
“No es un trastorno psicológico o patológico”, dice. “La clave es comprender qué necesidad psicológica satisface esta identificación”.
Si un padre descubre que su hijo adolescente se identifica como therian, el primer consejo de Prado es mantén la calma.
“En la mayoría de los casos, los adolescentes exploran y se diferencian de los adultos”, afirma. Reaccionar exageradamente mediante el ridículo, el castigo o prohibiciones estrictas puede reforzar el comportamiento y aumentar el conflicto.
En cambio, recomienda escuchar sin juzgar y hacer preguntas abiertas: ¿Qué significa para usted esta identidad? ¿Qué necesidad satisface? ¿Por qué este animal?
Estas conversaciones pueden proporcionar información sobre el mundo emocional de un adolescente. Dicho esto, la validación no significa eliminar límites. Los padres pueden permitir ciertas formas de expresión manteniendo límites que aseguren una convivencia familiar y comunitaria respetuosa.
Por ejemplo, usar una máscara en contextos apropiados puede ser aceptable, pero el comportamiento disruptivo como actuar como un animal en espacios públicos aún requiere límites claros.
Los padres también deben prestar atención a aspectos más amplios del bienestar de sus hijos: ¿cómo es su rendimiento académico? ¿Se ha visto afectado su estado de ánimo? ¿Están experimentando aislamiento social o cambios de comportamiento significativos?
Se debe considerar la terapia y el apoyo profesional si la identidad comienza a afectar negativamente la escuela, las relaciones o la salud emocional.
Si se necesita apoyo psicológico, la atención no se centra en etiquetar o diagnosticar. En cambio, Prado dice que la terapia se centraría en fortalecer la autoestima y la regulación emocional del adolescente y ayudarlo a construir un sentido más integrado de identidad y de sí mismo.
“El objetivo no es patologizar”, dice, “sino explorar qué necesidad incontrolada se esconde debajo. La adolescencia es, por naturaleza, una época de experimentación, pertenencia y diferenciación de los adultos”.
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