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Los expertos coinciden: el salón ya no es el corazón de la casa y estas estancias ganan protagonismo en 2027

September 18, 2026 - farandula
Los expertos coinciden: el salón ya no es el corazón de la casa y estas estancias ganan protagonismo en 2027


Durante años dimos por sentado que el salón era el centro del hogar: el espacio donde se concentraban el sofá, la televisión y las visitas, y alrededor del cual se organizaba todo lo demás. Aunque esa idea nos ha acompañado durante generaciones, los expertos lo tienen claro: ya no responde a cómo vivimos hoy. La nueva distribución de la casa reparte el protagonismo entre estancias que antes pasaban desapercibidas, y el salón comparte terreno e importancia con la cocina y el comedor —como en este proyecto del estudio Ábaton—, pero también con la terraza y hasta con las zonas de paso.

No es un capricho estético, sino una respuesta a cómo ha cambiado nuestro día a día: trabajamos desde casa, recibimos visitas de forma distinta y necesitamos que cada metro cuadrado sirva para más de una cosa. Repasamos, estancia por estancia, cuáles ganan terreno en la casa de 2027 y por qué.

Cocina con comedor con banco de madera, estores, sillas y mesa de madera, lámparas de techo© Silvia Gil Roldán

El porqué de la nueva distribución de la casa

Podemos destacar dos motivos: espacios flexibles y capacidad de adaptación. El interiorista Carlos Rubio, director de Insenia, apunta directamente a la flexibilidad: “En algún momento, una estancia puede necesitar convertirse temporalmente en un despacho, dormitorio de invitados o zona de cuidados”, explica. Esa capacidad de reconfiguración explica buena parte de los cambios que veremos a continuación. Ya no se trata de decidir de una vez para siempre qué función tiene cada estancia, sino de dejar margen para que cambie cuando la vida lo pida.

Detrás de esta tendencia hay, además, varios cambios de fondo que se han ido acumulando en los últimos años: el teletrabajo, aunque sea de forma parcial; la convivencia de varias generaciones bajo el mismo techo, cada una con sus propios horarios y necesidades; y unas viviendas que no crecen en metros al mismo ritmo que nuestras exigencias. El resultado es una casa que tiene que rendir más con lo mismo, y ahí es donde entra en juego el reparto de funciones entre ambientes, como ocurre en esta propuesta de Marga Lara Interiorismo.

Salón comedor con alfombra de fibras vegetales, butacas blancas y aparador blanco © Natalia Zubizarreta Interiorismo

El salón ya no es (solo) lo que era

Aunque durante décadas fue indiscutible que el sofá y la televisión marcaban el centro de la casa, hoy el salón ha perdido ese monopolio. Ya no es la única estancia donde se recibe, se descansa o se hace vida social: comparte esas funciones con espacios que antes tenían un papel mucho más discreto. 

No es que haya dejado de ser importante, sino que ha dejado de ser imprescindible en solitario. Y esa pérdida de exclusividad es, precisamente, lo que explica el ascenso del resto de estancias. Lo que sí conserva el salón es su vocación de encuentro: sigue siendo, en la mayoría de las casas, la estancia donde se recibe a las visitas y donde se termina buena parte de las noches. Lo que ha perdido es el monopolio sobre esa función, que hoy comparte con la cocina, el comedor o incluso la terraza, según el momento del día y quién esté en casa. En la imagen, una propuesta de Natalia Zubizarreta Interiorismo. 

Cocina con comedor y zona de barra, vitrinas grises de suelo a techo con luz interior© Jordi Canosa

La cocina ocupa su lugar

No es nada nuevo ni sorprendente. La cocina lleva tiempo dejando de ser un espacio de paso para convertirse en el corazón de la casa. Así lo confirma el informe The New Habitat 26/27, elaborado por APE Group: “La cocina se amplía más allá de su función doméstica y funciona como infraestructura comunitaria”. 

Cocinas amplias, con isla o barra, y mesas pensadas para quedarse un rato más allá de la comida, como esta de Pia Capdevila Interiorismo, son ya casi un estándar en las reformas más recientes. Cocinar, conversar y compartir se han convertido en el mismo gesto. Esta transformación también se nota en los materiales y en la distribución interna: encimeras que resisten el uso intensivo, electrodomésticos integrados que no interrumpen la conversación y una iluminación pensada tanto para cocinar como para quedarse charlando.

Comedor con chimenea, comunicado con un arco, alfombra de fibras vegetales, sillas tapizadas en burdeos, lámpara de techo © La Redoute Interieurs

El comedor recupera su reinado

Y eso sí que es una sorpresa. Ligado a esa misma cocina social, el comedor de toda la vida, como este de La Redoute Intérieurs, vive un momento dulce. Durante años quedó reducido a una mesa de diario o, peor, a una zona demasiado formal que solo se usaba en Navidad. Ahora recupera su función original: la de reunir a todo el mundo alrededor de la mesa, no solo para comer, sino para trabajar, hacer los deberes o simplemente estar.

El mismo informe de APE Group que sitúa a la cocina como infraestructura comunitaria incluye el comedor en esa misma categoría: ambos son, cada vez más, la sala de estar real de la casa.

Cocina con salida a la terraza con suelo de madera, mesa de comedor, plantas y toldo negro © David Grau

La terraza y el balcón ganan protagonismo, incluso en invierno

Si hay dos espacios que han dejado de ser secundarios, son la terraza y el balcón. Ya no se entienden solo como el espacio del verano: con las soluciones de cerramiento, chimeneas y mobiliario para disfrutar fuera y dentro se usan también en otoño e invierno. El resultado es que estas dos estancias, antes infrautilizadas buena parte del año, se han convertido en una extensión real de la casa, como ocurre en este proyecto de Düem Studio, donde la terraza es un comedor más, con sus propias rutinas y su propio mobiliario.

Difuminar los límites entre fuera y dentro y preparar los espacios exteriores hacen posible usar la terraza o el balcón muchos más meses al año de los que se usaban hace apenas una década. Un cambio que, a estas alturas, ya casi no es una novedad.

Recibidor XL con mesa redonda blanca en el centro, un gran centro de flores, suelo de baldosas geométrico, fuente© Carla Capdevila

Las zonas de paso reclaman un papel en la casa

El pasillo, el recibidor o el hueco de la escalera eran, hasta hace poco, los grandes olvidados de cualquier reforma: metros que solo servían para ir de un lado a otro. El informe The New Habitat 26/27 de APE Group lo resume bien: “Pasillos, recibidores, escaleras y pequeños rincones se convierten en territorios de experimentación”, señala, y añade que estos espacios pasan “de ser zonas en desuso a microescenarios con nuevas funcionalidades“.

No hace falta una reforma para aprovecharlos: una balda, una butaca o un punto de luz bastan para que empiece a tener también una función propia. Un hueco bajo la escalera puede convertirse en una pequeña biblioteca; un tramo de pasillo ancho, en una galería de fotografías familiares; un rincón del recibidor (este de MAS by Arquesta), en el punto donde se dejan las llaves, se cuelgan los abrigos y también se recibe a las visitas. 

Dormitorio con pared del cabecero de madera, cabecero tapizado, zona de escritorio, silla negra, lámpara de techo © Zalf

El dormitorio abre sus puertas

El dormitorio (este de Zalf) también revisa su papel. Durante mucho tiempo fue un espacio estrictamente privado, casi funcional en su planteamiento: dormir y poco más. Ahora incorpora, cada vez con más naturalidad, un sillón de lectura, una mesa pequeña para el ordenador o un rincón de estar que lo convierte en algo más que un lugar de descanso. Esta apertura no responde a una moda pasajera, sino a la misma lógica de fondo que atraviesa toda la casa: cuantas más funciones puede acoger una misma estancia, menos metros se necesitan para vivir bien.

Basta con un sillón cómodo junto a la ventana, una lámpara de lectura y una mesita auxiliar para que el dormitorio deje de ser solo el lugar donde se duerme y empiece a ser también el lugar donde se lee un rato antes de apagar la luz, se toma un café tranquilo un domingo o se hace una videollamada sin que el resto de la casa se entere. 

Salón, cocina y despacho en uno, con una librería con libros que separa la cocina del estar y del despacho © Schmidt

El teletrabajo se cuela en cualquier rincón

Aunque ya no se habla tanto de él, lo cierto es que el teletrabajo sigue dejando huella en cómo repartimos la casa. No hace falta un despacho en casa independiente: una esquina del dormitorio, un rincón de una zona de paso o un lateral del salón bastan para montar un puesto de trabajo digno, siempre que haya buena luz y un enchufe cerca.

Es, quizá, el ejemplo más claro de esa flexibilidad de la que habla Carlos Rubio: la misma estancia sirve para dormir, trabajar o recibir, según el momento del día. Un buen ejemplo es el proyecto Antibes de Schmidt. Su distribución de despacho y biblioteca integrada en el salón lo convierte en una solución ideal para delimitar funciones dentro de una misma estancia sin recurrir a grandes separaciones.

Salón comedor con despacho integrado en el mueble de la televisión, sofá blanco y muebles de madera y blancos© Jordi Canosa

Detalles que facilitan el cambio

Nada de esto funciona sin algunas decisiones prácticas que se toman mucho antes de mover un solo mueble. Carlos Rubio insiste en que la clave está en la base: “Una distribución flexible, enchufes bien situados, zonas de paso despejadas y muebles fáciles de mover permiten adaptarla sin necesidad de hacer obras”, recuerda el director de Insenia. Dicho de otro modo: la casa de 2027 no se transforma con una reforma integral, sino con decisiones pequeñas que se toman con margen.

Nada de esto significa que el salón, este, obra de la interiorista Pia Capdevila, vaya a desaparecer del mapa: sigue siendo, para muchas casas, el espacio de encuentro por excelencia. Lo que cambia es el reparto: en la vivienda de 2027, cada estancia —grande o pequeña, principal o de paso— tiene la oportunidad de ganarse un papel propio. Y esa es, en el fondo, la mejor noticia: una casa que se adapta, se transforma y acompaña, en lugar de imponer desde el primer día cómo hay que vivir en ella.



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