Juan Pablo Marín y sus cofundadores, marcela mariny Carolina Mesa, quienes también son familia, no venían de la moda cuando decidieron ingresar a la industria. Lo que compartían era el amor por los viajes, el océano y la creatividad colombiana, y en 2019 convirtieron esos intereses en Ola Azul.
Comenzaron poco a poco, financiando la empresa con su propio capital y aprendiendo sobre la marcha una industria desconocida. A medida que conocieron el negocio, también comenzaron a ver señales de que la idea podría conectarse más allá de su país. “Lo que nos dio confianza fue ver cómo la gente se conectaba con el producto, no solo en Colombia, sino también en el extranjero”, compartió Marín. ¡HOLA! A NOSOTROS. “Eso nos hizo darnos cuenta de que había una oportunidad de construir algo mucho más grande”.
Ninguno de los tres fundadores de Ola Azul había trabajado en la moda antes de lanzar la empresa. Para Marín, elegir trajes de baño no fue simplemente un cálculo empresarial. “Nos pareció muy natural porque conecta muy de cerca con Colombia, el lugar donde crecimos, nuestro clima, nuestros paisajes, nuestro amor por el color y la forma en que disfrutamos la vida”, dice Marín.
“También nos dio la oportunidad de contar una historia colombiana en una categoría donde nuestro país ya tiene un talento y una artesanía increíbles”.
Hacerlo en familia aportó otra dinámica al negocio. “Nos conocemos muy bien, entendemos los puntos fuertes de cada uno y compartimos la misma visión a largo plazo”, afirma. Esa confianza se volvió especialmente importante a medida que Ola Azul crecía y las decisiones financieras se volvían más complejas.
Inicialmente, los fundadores financiaron ellos mismos a Ola Azul y fueron cuidadosos con el uso de sus recursos. Pero la moda les exigía pensar en el futuro desde el punto de vista financiero, y a menudo invertían dinero en producción, inventario, nuevas colecciones y marketing mucho antes de ver un retorno.
“Construir una empresa es una tarea intensa y, cuando eres familia, el trabajo puede seguirte fácilmente a casa. Pero también existe un nivel increíble de confianza entre nosotros”.
“El crecimiento no se trata sólo de vender más; también se trata de asegurarse de que la empresa tenga la estructura financiera para respaldar ese crecimiento de manera sostenible”, dice Marín. A medida que la empresa se expandió, también se volvieron deliberados sobre cuándo ingresar a un nuevo mercado o aumentar la producción. La empresa analiza la respuesta de los clientes, los comentarios de los socios minoristas, las ventas directas y si una oportunidad tiene sentido a largo plazo.
La experiencia ha cambiado la comprensión de Marín sobre cómo es realmente el crecimiento exitoso. “Cuando se inicia una empresa, es muy fácil entusiasmarse con cada nueva oportunidad, pero cada oportunidad también tiene un costo”, afirma. “Hemos aprendido a prestar mucha más atención al flujo de caja, los márgenes, el inventario y dónde invertimos nuestro tiempo y recursos”.
Y una lección en particular se le quedó grabada: “También hemos aprendido que decir ‘no’ a la oportunidad equivocada puede ser a veces tan importante como decir ‘sí’ a la oportunidad correcta”.
Para Marín no hubo un momento decisivo en el que Ola Azul se convirtiera en un negocio internacional. En cambio, había carteles más pequeños a lo largo del camino: ver a la marca entrar a una nueva tienda, escuchar a compradores en diferentes mercados o recibir una foto de alguien usando una de sus piezas mientras viajaba.
“Esas cosas nunca pasan de moda”, dice. “A veces te concentras tanto en lo que viene después que te olvidas de mirar atrás. Esos momentos nos recuerdan lo lejos que hemos llegado desde 2019”. Algo más quedó claro a medida que la marca viajaba: la persona que vestía Ola Azul no necesariamente necesitaba compartir los antecedentes de los fundadores para conectarse con lo que habían creado.
“Lo que fue especialmente emocionante fue darme cuenta de que no necesitaban ser colombianos o incluso latinoamericanos para conectarse con lo que estábamos creando”, dice Marín. “Los colores, estampados, siluetas y sentimientos detrás de Ola Azul podrían hablarle a alguien que esté a miles de kilómetros de distancia”.
Marín y su familia ahora miran hacia la siguiente etapa de la empresa que iniciaron en 2019. “Nuestro mayor sueño es posicionar a Ola Azul como la marca colombiana de trajes de baño y ropa de playa líder en el mercado global”, dice. “Queremos seguir expandiéndonos internacionalmente mientras nos mantenemos fieles a la identidad y la calidad que nos trajeron aquí”.
Para Marín, los años dedicados a construir Ola Azul también han cambiado su perspectiva sobre lo que se necesita para convertirse en emprendedor, particularmente para otros latinos que pueden estar dudando si están listos para comenzar. “No es necesario tenerlo todo resuelto antes de empezar. Nosotros ciertamente no lo hicimos”, afirma. “Pero sí es necesario comprender los números, rodearse de buena gente y estar dispuesto a aprender constantemente”.
Su último consejo vuelve a ser algo que forma parte de Ola Azul desde el principio. “No subestimes de dónde vienes. Como empresarios latinos, nuestra cultura, perspectiva, creatividad y forma de ver el mundo pueden ser una verdadera ventaja. Construye algo en lo que realmente creas, comienza de manera responsable y date la oportunidad de ver hasta dónde puedes llegar”.
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